Capitolio

Más pan y menos circo

Juan Abusaíd Ríos, alcalde de Torreón en el periodo 1970-1972, era un hombre multifacético y de mil anécdotas. Agricultor, promotor de lucha libre, beisbol, futbol y aficionado a los toros, me contó que cuando en España se alborotaba el avispero, el dictador Francisco Franco organizaba un partido entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid. Mientras duraba la euforia, el pueblo aplacaba su ira y olvidaba sus males.

En México, bajo el mismo criterio, las leyes secundarias de la reforma energética se discutirán en el marco de la Copa Mundial de Futbol.La intención es obvia: aprovechar la evasión social para golear al país con una apertura de Pemex y la CFE al capital privado nacional y extranjero indiscriminada, inimaginable incluso para el presidente Ernesto Zedillo. El PRI y el PAN están de acuerdo, mas no el PRD pues teme que el remate beneficie a las trasnacionales —no se equivoca— y a los poderes económico y político del país o sea al capitalismo de compadres —en lo cual tampoco yerra— como siempre ha sucedido.La oposición a debatir las leyes reglamentarias en el lapso de una competición donde las posibilidades del seleccionado nacional de ser campeón son nulas, es más político que práctico, pues a quien menos consulta la presidencia de la República y el Congreso para tomar decisiones —trascendentales o no— es a la ciudadanía. El temor es que las movilizaciones de la izquierda y otros grupos resulten poco concurridas, pues, suponen, la gente estará pegada al televisor.Si es por cálculo político que las discusiones en el Congreso y el Mundial coincidan, el gobierno y sus adláteres juegan con fuego.

La participación en Brasil del equipo dirigido por un señor a quien apodan “El Piojo” —parásito de los que en el Congreso abundan— dará más motivos de frustración, pena y enojo, que de gloria. Esperar que la selección suba el ánimo nacional equivale a creer en las proyecciones de crecimiento económico de Hacienda y en la fantasía de que la reforma energética reducirá los precios de las gasolinas, el gas, el diesel y la electricidad.Significa que al descontento social por las metas incumplidas del gobierno, se sumará el malestar por el desempeño de los “ratoncitos verdes”, como Manuel Seyde bautizó a los seleccionadosdel mundial de 1966, celebrado en Inglaterra. En esa Copa, el equipo nacional sumó dos puntos en tres partidos, terminó con una diferencia de menos dos goles (no por culpa de Gustavo Carvajal, “La Tota”, sino de la delantera) y ocupó el lugar número doce (de dieciséis).

Su pase para Brasil lo obtuvo de panzazo, como sucede en el Congreso con las reformas y las leyes secundarias.Urgidos mutuamente de credibilidady de victorias, el presidente Enrique Peña abanderó ayer a la selección… ¡en Palacio Nacional! Honor negado—en esa sede— a intelectuales, escritores, artistas e investigadores que sí le han dado gloria al país y generado cosas buenas, perdurables, no alaridos en las galerías. País siempre en busca de culpables, sobrarán quienes responsabilicen también al presidente del fracaso futbolero.Mientras las televisoras fincan el futuro de México en los “ratones verdes”y no en las reformas, en Brasil existe un profundo malestar social por el derroche en los estadios, la corrupción rampante, la pobreza de la inmensa mayoría y la codicia de la FIFA. El futbol, como espectáculo de masas, pierde encanto. El síntoma es positivo: la sociedad exige pan, justicia, y menos circo. 



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