Capitolio

El país pasa factura

Las reformas fiscal y energética —decididas por el gobierno y el Congreso federal de espaldas a la realidad y al país—, la falta de crecimiento económico, las masacres de Tlatlaya y Ayotzinapa, el escándalo de la “Casa Blanca” y la impunidad pasaron factura: Peña Nieto empieza su tercer año reprobado. En apenas cuatro meses (agosto-noviembre), la aprobación del presidente cayó casi cincuenta por ciento (de 40 a 21) entre líderes de opinión (académicos, políticos, empresarios y organizaciones civiles). Entre los ciudadanos, el desplome estuvo por encima del veinte por ciento (de 50 a 39), según la averiguación de Reforma.En la encuesta de El Universal/Buendía & Laredo, el cincuenta por ciento desaprueba la gestión del presidente y el cuarenta y uno la aprueba. Sobre “lo mejor que ha hecho hasta ahora EPN”, veintinueve por ciento respondió “nada” y el veintidós no supo o no contestó. El dato refleja: 1) falta de apoyo ciudadano a las reformas; 2) fracaso de la política de Comunicación Social; y 3) eficiencia de los opositores al gobierno y rechazo a los cambios en material energética, fiscal, educativa y de telecomunicaciones.La región donde el presidente resulta peor calificado, con una desaprobación del sesenta y ocho por ciento, es la del centro, donde se localizan el Estado de México, Querétaro, Hidalgo, Tlaxcala (PRI), Distrito Federal, Morelos (PRD) y Puebla (PAN); en segundo lugar la occidente (cincuenta y nueve por ciento) y en tercero la norte (cincuenta y cuatro). El contraste de Reforma es relevante por las elecciones de Congreso federal, nueve gobiernos estatales y alrededor de mil ayuntamientos, el 7 de junio próximo.Otro motivo de preocupación para los estrategas del gobierno es el impacto de las manifestaciones, las redes sociales y los medios independientes versus la televisión y otras empresas de comunicación prooficialistas,pues a la pregunta de El Universal/Buendía & Laredo sobre “lo peor que ha hecho hasta ahora Enrique Peña Nieto”, la mayor cantidad de menciones (diez por ciento) fue “Matanza de estudiantes/normalistas”, seguida por las reformas en general (nueve por ciento) y la energética en particular (cinco), la inseguridad (seis) y el mal gobierno (cinco). Para el cincuenta y cuatro por ciento, este es el peor momento del gobierno peñista.Si al presidente le va mal, la mayoría de su gabinete merece orejas de burro. Todos descendieron respecto a la medición previa. José Antonio Meade (Relaciones Exteriores y titular de Hacienda en el último tramo de la administración calderonista) registra la mayor calificación de 6.1. Las demás son de cinco y cuatro. El procurador Jesús Murillo tiene 3.9; el secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz, quien primero dijo sí y luego no al tren rápido México-Querétaro, a pesar de lo cual no pudo detener el escándalo por la “Casa Blanca”, 3.8; el comisionado nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, 3.7; y el secretario de la Función Pública, Julián Olivas, quien en teoría debería ser el azote de los servidores públicos corruptos, 3.6.En cualquier país medianamente democrático, el jefe de Estado ya habría cambiado de gabinete o los secretarios, por decoro, ya habrían renunciado. Mas como lo segundo equivale a pedir peras al olmo, la decisión corresponde al presidente, bajo un argumento suyo: “México no puede seguir así”. 


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