Capitolio

El padre Paskus (II)

También le debo a este descendiente de lituanos, humilde y austero, mi primera gran e inolvidable aventura: un viaje de Torreón a New Haven (Nuevo Paraíso), capital de Connecticut, en un coche que dejaba de funcionar cuando quería. Varias veces lo hizo de noche y debimos empujarlo bajo la lluvia, algunas veces torrencial.

En nuestro recorrido, por rutas distintas de ida y de regreso, conocí Nueva York, Boston y otras capitales.

En cada ciudad donde amanecíamos, don Leonardo oficiaba misa y yo le ayudaba; excepto en las lecturas, por mi falta de inglés.Don Leonardo sabe ganarse la admiración, el respeto y el cariño de su grey (en un plano más personal, las familias Abusaid y Sánchez, de San Pedro, los Murra y los Batarse Charur, de Torreón, por citar solo algunos casos, dieron testimonio de su estatura espiritual y humana), sea en Chihuahua o en La Laguna, porque predica con ejemplos de amor y entrega a los demás, sobre todo entre los pobres.

Esa es una de las razones por las cuales prefirió enseñar el Evangelio México y no en un país rico como el suyo. Por eso es tan querido.

El 22 de marzo entró una llamada de mi hermano Francisco para decirme que en la misa del domingo, el padre Rodolfo Reza, quien oficia en la iglesia del Inmaculado Corazón de María, en la colonia Torreón Jardín, dio gracias por los cincuenta años de sacerdocio que cumpliría al día siguiente (lunes 23).

Entre sus compañeros de ordenación citó a Leonardo Paskus, a José Rodríguez Tenorio —principal promotor del santuario del Cristo de las Noas y de su complejo religioso turístico, quien falleció el 4 de diciembre pasado— y al actual obispo de Torreón, José Guadalupe Galván, con quien he sostenido gratas conversaciones.De inmediato tomé el teléfono y llamé a don Leonardo para felicitarlo.

Tras dos o tres días de intentos fallidos, pues para él es más importante cumplir sus deberes que atender una llamada (además, Dios no usa móvil), por fin pudimos hablar. “¿Por qué me felicitas, yo no he hecho nada?”, dijo como si tal cosa. ¡Medio siglo de servir a Dios y a sus hijos le parece poco! Gracias, padre Paskus, por su ejemplo, amistad y por sus oraciones. Desde aquí le abrazo. 


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