Capitolio

La ominosa sombra

Después de Nazario Ortiz Garza, Enrique Martínez es el primer ex gobernador de Coahuila que ostenta una cartera en el gabinete. Además de despachar en la misma secretaría (Agricultura) existen varias coincidencias entre ellos: proceden del sector empresarial y ocuparon la alcaldía de Saltillo. También las hay entre sus jefes: antes de ser presidentes, Miguel Alemán y Enrique Peña fueron gobernadores —de Veracruz y del Estado de México—, abrieron las puertas al capital privado, adquirieron etiqueta de modernizadores, aparecieron en la portada de la revista Time y permitieron la corrupción. Otra semejanza entre Ortiz y Martínez es que en sus primeros años como secretarios, Coahuila enfrentó tiempos convulsos. El gobernador Ignacio Cepeda se suicidó en el segundo año de su mandato (1947) luego de una discusión con el presidente Alemán, quien, después de los interinatos de Ricardo Ainsle y Paz Faz, nombró como sustituto a Raúl López Sánchez.

El estado paga hoy las consecuencias del gobierno desbaratado de Humberto Moreira por la deuda de treinta y seis mil millones de pesos acumulada en su sexenio, la desaparición forzada de más de mil quinientas personas, la violencia y los escándalos de corrupción que tienen preso en Estados Unidos al ex tesorero Javier Villarreal Hernández y en calidad de prófugo al gobernador interino Jorge Torres López. La diferencia entre Ortiz y Martínez es que el primero no intervino en el estado durante el gobierno de López Sánchez y su actividad empresarial la trasladó a Aguascalientes, en tanto que la presencia del segundo es cada vez más notoria. Tal circunstancia genera animosidad entre los grupos políticos y malestar en el gobierno de Rubén Moreira por la mengua de poder que el activismo de Martínez entrañe. Máxime en un año electoral como éste, en el cual se nombrará nuevo Congreso; y el próximo, cuando se renueve la Cámara de Diputados.

La derrota de Enrique Martínez Morales —hijo de Enrique Martínez— en las elecciones legislativas de 2012, en el distrito 7 de Saltillo, ahondó la brecha entre las facciones, aunque el encono se centra en Humberto Moreira, quien todavía controla algunas áreas del PRI en el estado. El gobernador no asiste a los actos del secretario. Sin embargo, en su segundo informe, Rubén Moreira destacó, después del apoyo del presidente Peña Nieto, el que Martínez brinda a Coahuila. Luego de perder con la panista Esther Quintana, Martínez Morales fue nombrado delegado de Economía en Nuevo León. Columnas políticas lo incluyen entre los aspirantes al gobierno en las todavía lejanas elecciones de 2017. Mientras tanto, publica la columna “Punto de inflexión” en Milenio Laguna y Zócalo.

La figura del ex gobernador Martínez ha crecido por su posición en el gabinete y su desempeño en el gobierno de Coahuila. No dejó deuda cero, como presume, pero sí un estado en orden y con bajos índices de inseguridad y violencia. Los pasivos de su administración —trescientos millones de pesos— palidecen frente a la deuda por treinta y seis mil millones de pesos que heredó Humberto Moreira; solo con bancos, pues a contratistas del estado dejó de pagarles varios miles de millones de pesos. Rubén Moreira tuvo un comienzo de gobierno apocalíptico, pero en dos años logró estabilizar la administración, lo cual se reconoce en las instancias federales. Sin embargo, cuando el horizonte se esclarece, la sombra de su hermano Humberto lo vuelve a oscurecer.


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