Capitolio

El nivel de México

Con la selección sucedió lo mismo que con las reformas: de la euforia se pasó a la frustración. El equipo jugó bien, pero otros de América Latina lo superaron. El avance de Colombia y Costa Rica a cuartos de final, después de vencer a Uruguay y a Grecia, es un hito. Por su parte, el gobierno federal celebra los cambios en materia educativa, fiscal, energética y de telecomunicaciones como los comentaristas de televisión festejaron triunfos todavía no obtenidos e incluso pusieron en manos de Rafael Márquez una copa que el 13 de julio alzará el capitán de otro conjunto.Jorge Luis Borges, quien imaginaba “el paraíso como una especie de biblioteca”, abominaba del espectáculo que mueve a millones y representa negocios billonarios. Decía: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”. Con el mismo rigor juzgaba al país donde se inventó: “Que raro que nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol. El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra”. (Borges empezó a ser educado por una institutriz británica a los seis años y a los nueve ya había traducido del inglés “El príncipe feliz” de Wilde). Ante la aversión de Borges por el balompié y su confesión: “He cometido el peor pecado que uno puede cometer: no he sido feliz”, un fanático e incluso un aficionado moderado de hoy podría replicar:Si no fue feliz quizá se haya debido a su repulsión por ese deporte. Sería interesante saber sia escritores que gustan del fútbol e incluso llegaron a practicarlo—Albert Camus fueportero del Racing Universitario de Argelia,en su juventud—, en algo les ayudó a ser felices. Salman Rushdie es aficionado, como también loson: Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura 2010(Camus lo fue en 1957); Mario Benedetti, quien advierte sobre la utilización del espectáculo con fines políticos (en La Laguna, en actos oficiales, ya no figuran como invitados especiales artistas, empresarios destacados o gente prestigiosa en otros campos, sino el entrenador del Santos y el goleador del momento) y previene al público sobre los riesgos de enajenación; Eduardo Galeano, autor de “Su majestad el fútbol” y “El fútbol a sol y sombra”, crítico también de los intereses alrededor del balón; y el escritor y periodista mexicano Juan Villoro, orgulloso exmilitante de las fuerzas básicas de los Pumas de la UNAM.¿Enseñanzas del Mundial de Brasil más allá de las canchas? Una es que países como elnuestro estánávidos de líderes y de victorias, así sean efímeras. Hoy son los políticos quienes buscan hacerse la foto con los jugadores para ganar reconocimiento; antes era al revés. Otra es que los técnicos y futbolistas ofrecen mejores respuestas que muchos de los gobernantes —e incluso pueden ser humildes en el triunfo— debido a su contacto con la realidad y su comparecencia ante un público que exige resultados en cada partido y premia o castiga según el caso.Óscar Washington Tabárez, director de la selección uruguaya, declaró tras la eliminación de su equipo: “Cuando se gana no hay que darle rienda suelta a la euforia; y cuando se pierde, tampoco darse por vencido. Hoy las distancias son muy cortas”, en el fútbol y en toda competencia, sea deportiva, comercial, tecnológica. Javier Aguirre, estratega de la selección mexicana en el Mundial pasado, resumió la actuación del equipo en Brasil en tres palabras: “Es nuestro nivel”. Si aspiramos a crecer como país, no solo en fútbol, el esfuerzo debe mayor ylas metas superiores. 



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