Capitolio

Un mar de distancia (II)

A la memoria de don Braulio Fernández Aguirre, por ennoblecer la política.



El gobierno de Rubén Moreira no solo heredó pasivos por más de treinta y seis mil millones de pesos que lastran al estado, maniatan a la administración y agravian a los coahuilenses, que en las dos últimas elecciones castigaron al PRI por la impunidad que ampara a los responsables de la deuda. También recibió un déficit por más de cinco mil millones de pesos, burocracia excesiva, crisis institucional y un ostensible deterioro en seguridad, justicia, salud y educación.
Moreira tomó los controles de un Airbus a cincuenta mil pies de altura, en una zona de turbulencias, sin plan de vuelo ni copiloto, con los motores averiados, combustible escaso y sin tren de aterrizaje. La tormenta perfecta. El mérito es que pudo aterrizarlo, así fuera de panzazo. La reparación del A380 tardó dos años, un tercio del tiempo que durará la licencia del piloto. El resto de la historia está por escribirse, pero hasta que el aparato despegue se sabrá si el daño estructural le permitirá alcanzar de nuevo velocidad y altura para cruzar sin sobresaltos el resto de la ruta sexenal.
Rubén Moreira ha dicho, como el presidente Peña, que no gobierna para cosechar aplausos. No está el horno para bollos. Entre las primeras acciones de su administración, despidió a más de tres mil burócratas, subió impuestos, creó derechos, mantuvo la tenencia vehicular que en campaña ofreció eliminar. La indignación social obligó a cancelar algunos cobros, como el impuesto a las bicicletas y el uso de parques públicos.
Los recortes a la burocracia y otras economías permitieron ahorros por setecientos millones de pesos; además, se elevaron los ingresos propios. El gobierno de Humberto Moreira, predecesor y hermano del mandatario actual, descuidó la recaudación. Es una de las razones por las cuales se endeudó en secreto, sin informar a nadie, de espaldas al Congreso, al que utilizó como tapadera. Hasta que Ernesto Cordero, entonces secretario de Hacienda, abrió la cloaca.
En política se puede ser inescrupuloso, caradura, mas para seguir vigente es condición guardar las apariencias y brindar resultados. Humberto Moreira gastó discrecionalmente más de treinta mil millones de pesos anuales durante su sexenio. Pues, aunque dejó antes el cargo, el presupuesto del último año lo ejerció por adelantado. Dentro del casi cuarto de billón de pesos que dilapidó, se incluyen deudas por cincuenta mil millones, entre créditos bancarios, obras no pagadas y pasivos ocultos.
Sin embargo, no entregó un estado mejor del que recibió de Enrique Martínez. Al contrario. La infraestructura urbana —puentes y pasos a desnivel— no corresponde al tamaño de la deuda, por útil que sea. Con los intereses pagados en un año pudieron haberse construido hasta tres distribuidores viales de las dimensiones del denominado “El Sarape”.
La incuria del gobierno anterior para enfrentar a la delincuencia organizada, que se expandía por el estado e infiltraba a las policías y a la Procuraduría de Justicia, hizo crisis el primer año de la actual administración. Por primera vez, desde que el fenómeno escaló en la república, el gobierno del estado diseñó planes y estrategias para contener el narcotráfico y el secuestro. La “nueva forma de gobernar” ha tenido costos para Rubén Moreira, pero hoy Coahuila es mejor que cuando lo recibió.



gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx