Capitolio

La mano de Dios

La naturaleza (al fin madre) hizo lo que los partidos de todas las tendencias y las autoridades de todos los niveles no han podido: proteger a la población.

Las autoridades, en cambio, fallan en sus deberes de resguardarla del crimen —organizado, común y de cuello blanco—, la injusticia, la corrupción, la impunidad, la violencia, el tráfico de influencias, la manipulación, las desapariciones forzadas, las violaciones a los derechos humanos.

En ausencia de gobierno, alguien superior debía ponerse del lado de los mexicanos.

Esta vez, la propia naturaleza impidió que el huracán “Patricia” le infligiera al país más muerte y destrucción. Salir bien librados de este trance no fue obra del gobierno. Si este hubiera tenido influencia sobre el fenómeno, las consecuencias hubieran sido devastadoras. Lo vemos con la economía, la seguridad, la educación, las políticas sociales; todas están de cabeza.

El presidente, a quien de todo lo malo se culpa, ya relajado filosofa respecto a lo sabido y la duda socrática. Para no meterse en honduras y evitar volverse de nuevo tema de tendencia, deja a los meteorólogos explicar el comportamiento veleidoso de “Patricia”.

Sin embargo, de una cosa está seguro: “el embate de este huracán convocó a la unidad de todos los mexicanos, cerramos filas, generando una gran energía positiva.

Hubo —para quienes son creyentes— cadena de oración, rezos, llamados”.Por primera vez coincido. Dios, por curiosidad, en su parte humana, debió preguntar a los ángeles encargados de la atmósfera dónde azotaría el huracán más poderoso de la temporada y acaso de la historia.

Una vez informado, en su bondad y misericordia infinitas, levantó la mano, calmó las aguas y apaciguó los vientos.

Quizá, ante la cara de “what” del mismo ángel dibujado por Abel Quezada cuando el Creador colmó a México de riquezas y a otros países los privó de todo, esta vez por permitir el arrasamiento de pueblos enteros y compadecerse del nuestro, la réplica divina tal vez fue: “Existen huracanes cuya duración es de seis años y son más erráticos y destructivos.

En México entró uno por Los Pinosen 2012”. Dios hace milagros grandes y pequeños a cada momento, pero deja a su hijos tropezar incluso dos veces o más con la misma piedra.

Quizá algún día aprendamos a elegir mejor, para lo cual es necesario primero votar. 


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx