Capitolio

El mago y la justicia

El Estado no es Ayotzinapa, como lo asumió el presidente Peña Nieto en Palacio Nacional, al anunciar un nuevo plan de seguridad y de justicia. El Estado no es víctima, sino responsable —así se lo gritan en la calle— de la desaparición de cuarenta y tres normalistas en Iguala, por órdenes del alcalde; y hasta ahora se sabe, de treinta y un estudiantes más en Cocula, en julio de 2013, de acuerdo con un reportaje de la televisión France 24. El gobernador interino de Guerrero, Rogelio Ortega, confirmó el secuestro masivo, sin embargo le restó importancia por ser del año pasado. La PGR, siempre en Babia, se enteró por la cadena francesa, pero en vez de investigarlo citará a la periodista Laurence Cuvillier “para recabar más datos”. Así se evitará fatigas.El gobierno federal no tenía en su agenda un programa como el esbozado el 27 de noviembre; de lo contrario, lo hubiera expuesto desde el principio, no en vísperas de iniciar su tercer año, por lo tanto es tardío. Además, no se trata de un proyecto integral, sino de ideas sueltas, algunas tomadas de Vicente Fox y Felipe Calderón. El plan se elaboró sobre las rodillas, para decir algo frente al silencio oficial y la parálisis por los sucesos de Tlatlaya, Ayotzinapa, y el conflicto de interés por la “Casa Blanca”. Anunciar un número nacional de emergencias 911 es para un director, no para el presidente.La gravedad de la crisis exigía soluciones profundas y respuestas contundentes, sobre todo contra la corrupción; al no verlas, la ciudadanía, los empresarios, las oposiciones y la opinión pública reaccionaron con desánimo y escepticismo. Alejandro Gertz Manero, secretario de Seguridad Pública (con Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal y con Fox en la presidencia), declaró a Carmen Aristegui que en el país se cometen treinta y tres millones de delitos anualmente, de los cuales solo se denuncian dos millones (menos del siete por ciento) y de ese total, ni siquiera doscientas mil terminan en sentencia.En veintiséis estados del país ya funciona el mando único (¿dónde está, pues, la novedad?), pero las policías judiciales o sus equivalentes son las más repudiadas por la sociedad, por corruptas, dijo Gertz, ex diputado federal por Movimiento Ciudadano. En el mismo programa, el ex auditor Superior de la Federación, Arturo Fernández de Aragón, propuso atar las manos a los políticos y hacer públicas sus declaraciones patrimoniales, como la mejor forma de atacar la corrupción.Los tiempos cuando el mandatario hablaba y la nación obedecía a ciegas, ya pasaron. Hoy la sociedad no cree nada y lo cuestiona todo. ¿Qué esperaba el gobierno después de tanto engaño? Con esa idea, Francisco Calderón, caricaturista de Reforma y ganador este año del Premio Maria Morrs Cabot a lo mejor del periodismo en las Américas, anticipó en su cartón del 26 de noviembre lo que sería la ceremonia en Palacio Nacional, un acto de magia: el presidente, en un escenario iluminado, introduce la mano izquierda en una chistera bajo la cual se oculta un jarro de atole hacia donde dirige el dedo índice. Su asistente, la justicia, viste traje de baño y medias de malla.México necesita una reforma de Estado a la cual se le dedique más atención, tiempo y recursos que a la energética, la educativa y la de telecomunicaciones, cuyos resultados están por verse; la fiscal surtió efecto inmediato: contrajo la economía. Es el riesgo de echar vino nuevo en odres viejos. Sin un auténtico Estado de derecho, jamás habrá instituciones fuertes y confiables, y el país seguirá a la deriva. 


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