Capitolio

El líder y el pastor

Hay cosas que desagradan a los lectores. En primer término, la mentira, y en seguida, que se pondere a los políticos. Con razón, pues la mayoría se ha encargado de desprestigiar el oficio y pocos de reivindicarlo. Raro es quien se salva. Entre ellos figura Eliseo Mendoza Berrueto. Con el ex gobernador me une una amistad basada en el afecto y el respeto. Es un hombre que a sus ochenta y dos años permanece activo, ahora como presidente de la Junta de Gobierno del Congreso local.

Solo un político con su experiencia legislativa y perspectiva histórica podía afrontar el hecho inédito de tener en el salón de plenos a un jerarca de la Iglesia y salir airoso. “Critican a Eliseo por haber invitado al obispo Raúl Vera”, me dice Rodrigo Sarmiento en el programa del canal 6 de NRT que él conduce. “Es normal en un país donde cada quien puede expresarse libremente. Yo, por el contrario, he escuchado comentarios positivos y además los comparto. Son otros tiempos. No es la laicidad del estado la que se discute, sino el futuro del país”, replico.

La presencia de Vera en el Congreso, el martes pasado, prolonga los contactos que el presidente y los gobernadores celebran con las iglesias, no solo con la católica. El impacto de ver al obispo en la tribuna del Poder Legislativo —y no entre los invitados a un informe de gobierno— obedece a su carácter inédito. El Papa Juan Pablo II ofició misa en Los Pinos, invitado por el presidente López Portillo, no en Palacio Nacional. Vera no acudió a dogmatizar ni a impartir sacramentos, sino a proponerle al gobierno y a los diputados leyes que protejan a los emigrantes.

Justo por tratarse de un suceso nuevo y sujeto a polémica, sobre todo entre jacobinos y anticlericales, Mendoza Berrueto ubicó la reunión en su contexto histórico. Recordó los encuentros y desencuentros, las luces y las sombras,que han marcado la relación Iglesia-Estado. En un sistema democrático, el dialogo respetuoso, la tolerancia y la colaboración son clave.

Mendoza Berrueto lo planteó así “Nuestra sociedad (…) es heterogénea y diversa. La desigualdad se ha agudizado, cada vez son más los pobres. Ante una sociedad tan diversa, los gobiernos tienen el compromiso de luchar por disminuir las diferencias (con) políticas fiscales redistributivas, crecimiento económico compartido, desarrollo social igualitario, servicios de educación y salud de calidad para todos, creación de empresas.

“El pluralismo se da en el marco de la democracia. Ambos se retroalimentan. Sin pluralismo no hay democracia y sin democracia el pluralismo es imposible. A una sociedad plural y diversa como la nuestra, le son consustanciales las diferencias ideológicas y políticas. Cada persona, cada grupo social construye el edificio de sus creencias, de sus valores de sus convicciones”.

Desde la perspectiva política, Mendoza vacunó al Congreso contra los exaltados de uno y otro lado de la mesa: “Para que esta diversidad no se convierta en un factor corrosivo de la unidad social, tenemos que armarnos todos de algo que se llama tolerancia, para, con madurez y amplitud de criterio, fortalezcamos la armonía social”.

Tal es, justamente,la intención del encuentro con el obispo, propiciado por el gobernador Rubén Moreira a través de sus frecuentes contactos con Vera López. El Estado, como la Iglesia, no lo pueden todo ni los pueden solos.

gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx