Capitolio

El lado positivo

Después de sexenios de encono, inseguridad y violencia, la sociedad abomina de las campañas basadas en el denuesto, el engaño y las verdades a medias, que son otra forma de agredir y mentir; no solo al rival político, sino también a audiencias numerosas e indefensas. Las televisoras y la radio transmiten spots por obligación legal, pero los responsables de sus contenidos son los partidos.

En las primeras semanas de proselitismo para los comicios legislativos del 7 de junio, los mensajes, lejos de contribuir a elevar el desánimo social lo abaten; y en vez de distender la crispación nacional la acrecientan.Tampoco se trata de que los partidos ondeen banderas blancas.

Las campañas son para señalar y aun magnificar ante la sociedad los errores del contrario —sobre todo del partido en el poder, como una forma de incitar el voto de castigo—e incluso denunciar actos irregulares, presuntos delitos y conductas ilegítimas.Asimismo ofrecen la oportunidad de recordarle a la ciudadanía a presidentes (Echeverría, López Portillo, Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto) cuyos gobiernos llevaron al país a la situación actual.

Para atraer a los votantes, los partidos buscan fijar entre la población imágenes de políticos y funcionarios que utilizan el poder para acumular riqueza, convertirse en empresarios, obtener ventajas en operaciones inmobiliarias con contratistas de obras municipales, estatales y federales, cobrar comisiones (“moches”) a presidentes municipales por transferencias federales y celebrar fiestas privadas con supuestas bailarinas.

En períodos electorales, cuando están urgidos de votos, los partidos recurren a la crítica, la denuncia, los golpes bajos, la simulación, el oportunismo.

Sin embargo, ¿dónde están las propuestas?, ¿dónde la autocrítica? Las campañas, saturadas de spots y vacías de ideas y contenidos, tienen algo positivo: le recuerdan a la ciudadanía que el destino del país está en sus manos, le señalan las piedras con las que antes tropezó y le advierten que para alcanzar una democracia funcional y gobiernos eficientes y comprometidos con la sociedad, los electores necesitan estar a la altura de sus anhelos.

“Todos quieren ser amos, y ninguno el dueño de sí mismo”, escribió el poeta Ugo Foscolo. 


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx