Capitolio

La iglesia y el mundo

El retorno a lo religioso lo explica el deseo de trascendencia del ser humano y su necesidad de hallar sentido a su existencia. El desarrollo de la ciencia y la tecnología de las últimas décadas, la expansión de la libertad y la ampliación de los derechos—exaltados en los discursos políticos y regateados en la práctica—, como otras utopías, aunque en su caso menos costosas en términos de vidas humanas, lejos de llenar los vacíos interiores los han vuelto más profundos.
La conversión del escritor y periodista británico Gilbert K. Chesterton (1874-1936) del agnosticismo al anglicanismo y de este al catolicismo fue un proceso basado en la fe y la razón. Es uno de los autores de la tercera vía económica (“Demasiado capitalismo no quiere decir muchos capitalistas, sino muy pocos capitalistas”) conocida como “distributismo”, según la cual los medios de producción no deben ser controlados bajo los dogmas del socialismo (un estado dominado por cúpulas burocráticas) ni del capitalismo (concentrador de la riqueza).


El distributismo, cuyo modelo cobra vigencia frente a la incapacidad del capitalismo para derramar riqueza y del socialismo para generar bienestar, aspiraba a profundizar los principios de justicia social de la Iglesia Católica expresados en la encíclica “Rerum novarum” (“De los cambios políticos”), primera de su tipo y base de la democracia cristiana, promulgada el 15 de mayo de 1891 por el papa León XIII. La carta definió la posición de la Iglesia frente a los nuevos tiempos. Plantea, por ejemplo: “Al pretender los socialistas que los bienes de los particulares pasen a la comunidad, gravan la condición de los obreros, pues, quitándoles el derecho a disponer libremente de su salario, les arrebatan toda esperanza de poder mejorar su situación económica y obtener mayores provechos”. Desde entonces eran patentes los efectos negativos del capitalismo en la condición y dignidad de las personas, como consecuencia de la concentración excesiva de poder. La encíclica advierte a los empleadores: “No deben considerar al obrero como un esclavo; deben respetar la dignidad de la persona y la nobleza que a esa persona agrega el carácter cristiano”.


En su ensayo “¿Por qué soy católico?”, Chesterton define a su Iglesia: “No hay ningún otro caso de una continua institución inteligente que haya estado pensando sobre pensar durante dos mil años. Su experiencia naturalmente cubre casi todas las experiencias, y especialmente casi todos los errores. El resultado es un mapa en el que todos los callejones ciegos y malos caminos están claramente marcados, todos los caminos que han demostrado no valer la pena por la mejor de las evidencias; la evidencia de aquellos que los han recorrido”.


A casi ochenta años de su muerte, y cuando muchos desean, para creer, una iglesia acomodadiza, el portento intelectual de Chesterton recuerda a los católicos de hoy y de siempre: “Nosotros realmente no queremos una religión que tenga razón cuando nosotros tenemos razón. Lo que nosotros queremos es una religión que tenga razón cuando nosotros estemos equivocados”.


El autor de “El hombre que fue Jueves”, plantea otro punto de actualidad: “Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo”. Lo importante de tener en estos tiempos un papa como Francisco, es que acerca al mundo a la Iglesia y a la Iglesia a un mundo necesitado de fe y de guía.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx