Capitolio

De dientes afuera

El poderoso eje del Partido Acción Nacional en La Laguna terminó de fracturarse en 2012 cuando Luis Fernando Salazar, del grupo de Guillermo Anaya, le ganó a Jorge Zermeño la postulación para el Senado en un proceso interno. Zermeño denunció que el padrón de su partido se infló con beneficiarios de los programas de la Secretaría de Desarrollo Social, cuyo delegado había sido Salazar. El año pasado, el primer alcalde panista de Torreón aspiró de nuevo al cargo, pero la candidatura recayó en otro anayista: Jesús de León.En respuesta, Zermeño no solo se replegó, también consistió una campaña “anónima” para votar por él, en vísperas de las elecciones, sin estar en las boletas. Acción Nacional ganó por una diferencia de mil 468 votos, pero la alianza del PRI con otros partidos le permitió remontar la desventaja y conservar la alcaldía, pese a la caótica administración de Eduardo Olmos. El conflicto en el PAN desalentó la participación de sectores que usualmente sufragan por sus candidatos. La punga entre Zermeño y Anaya terminó por afectar a De León y a su propio partido.El 7 de diciembre de 2013 se dio una primera señal conciliatoria. El entonces presidente del comité estatal, Carlos Orta, reunió en Saltillo a los líderes históricos y nuevos del PAN, entre ellos Juan Antonio García Villa, Rosendo Villarreal, Guillermo Anaya, Luis Fernando Salazar, Silvia Garza, Ernesto Saro, José Ángel Pérez, Marcelo Torres —hoy segundo hombre fuerte de la fracción panista en el Congreso— y los alcaldes electos de Saltillo, Isidro López, y Monclova, Gerardo García. El único ausente fue Jorge Zermeño.Entusiasmado por las victorias del PAN en nueve municipios, Orta anticipó que la racha continuaría en 2014: “Vamos a ganar la mayoría en el Congreso, (se lo) vamos a arrebatar al partido en el gobierno y a convertirlo en lo que debe ser, un congreso libre, independiente y soberano, que no sea un apéndice más del poder ejecutivo”.La reunión de Saltillo se repitió en Torreón el 8 de diciembre, solo con los liderazgos locales. Esta vez sí acudió Zermeño. Once panistas sonrieron para la foto, pero el ex embajador de México en España cruzó las manos por delante para no abrazar a quienes lo flanqueaban: los diputados Marcelo Torres y Guillermo Anaya. Parte de ese grupo se juntó de nuevo el 5 de julio, esta vez en un restaurante. La intención era obvia: transmitir un mensaje de unidad la víspera de las elecciones para diputados locales.El pronóstico de Carlos Orta, de ganar la mayoría del Congreso, falló en redondo: el PAN fue derrotado escandalosamente en los dieciséis distritos e incluso perdió un diputado de representación proporcional, al pasar de dos a uno. Sin embargo, es probable que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación modifique la distribución de asientos plurinominales y le asigne al PAN tres o cuatro más, por haber logrado la segunda mayor votación el 6 de julio.La ausencia ciudadana de las urnas le permitió a la estructura del PRI repetir el carro completo, pero el PAN contribuyó a que así fuera. Su falta de argumentos para convencer a los electores de votar por sus propuestas y candidatos es consecuencia de la lucha por el control del partido, el reparto de nominaciones con criterios excluyentes, la competencia de egos y la mezquindad de sus líderes. El distanciamiento de la sociedad podría alejarlo también del Palacio de Gobierno en 2017. 



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