Capitolio

Y ahora, ¿qué sigue?

El presidente Enrique Peña cumplió: en la presentación de las leyes secundarias de la reforma energética, el gobierno atendió las diez preguntas del ciudadano Alfonso Cuarón sobre el futuro de Pemex, la CFE y otras cuestiones acuciantes para los mexicanos de a pie. El problema es que no hubo respuestas, sino retórica y un catálogo de buenas intenciones: bajar los precios de las gasolinas, el diesel y las tarifas eléctricas, elevar la inversión pública y privada, transparentar los contratos, aplicar medidas contra la corrupción y mayor empleo en plazos de años, lustros e incluso décadas. ¿A quién se le reclamará entonces si las metas no se logran o las circunstancias cambian?


La sociedad y los gobiernos no se entienden porque hablan de modo distinto. La primera desea respuestas claras y concretas a problemas evidentes y específicos, pero el lenguaje de la burocracia es tedioso, dilatado, fatigoso. Nuestra Constitución, tan manoseada, es el ejemplo palmario: sus 136 artículos y 19 transitorios invitan a no leerla. Además ¿para qué si la mayoría de las veces no se cumplen? La ley fundamental de Estados Unidos (1787) consta de siete artículos originales y 27 enmiendas.


Las preguntas llanas de Cuarón recibieron respuestas burocráticas. Por tal razón, las primeras las hicieron suyas legiones de mexicanos; a las segundas solo las abrazó el gobierno. De ahí la diferencia de su impacto. Enrique Tierno Galván advertía: “El triunfo político es la suma del sentido común y la capacidad de liderazgo”. Bueno, además de haber participado de joven en la Guerra Civil,el alcalde de Madrid —entre finales de los setenta y mediados de los ochenta— era político, sociólogo, jurista y ensayista.


Para conocer sus respuestas al director de “Gravity”, la presidencia remite a una página electrónica. Cuarón publicó su cuestionario en papel, en unaplana completa de periódico, la cual pagó con su dinero. ¿Por qué el gobierno, magnánimo en minucias, no utilizó, además de la red, el mismo medio para fijar su posición respecto a las diez preguntas que entusiasmaron al país y llamaron la atención de la clase política? ¿Para no darle notoriedad a Cuarón? Ahorro inútil, ya la tiene. El cineasta ha declarado que después de su carta al presidente no desea erigirse enel líder político o civil que el país reclama a gritos. Con pensar, crear, dirigir y lavar trastes le basta por ahora. La sociedad necesita organizarse para exigir gobiernos honrados, eficientes y atentos a sus obligaciones;dispuestos a bajar de sus pedestales y llamar a los ciudadanos para combatir juntos la corrupción, raíz de todos los males de México. El error fue haber dejado tanto tiempo al país en manos de los políticos.


Cuando la sociedad asume su papel y actúa, las cosas cambian. Pasó en el 68 y en los terremotos de 1985. Más tarde, en las elecciones de 1988 y 2000. En días recientes, las movilizaciones ciudadanas frenaron los intentos por censurar las redes sociales. Cuarón confrontó al poder sin estridencias, con respeto y lo más importante: con argumentos. La respuesta del gobierno fue pobre, pero es mejor que nada. ¿Qué sigue? ¿Esperar a que los combustibles bajen de precio y las licitaciones de Pemex y la CFE no favorezcan el capitalismo de compadres como ocurrió en el sexenio de Carlos Salinas? Al contrario, para que el paso de Cuarón lo sigan otros—cuantos más, mejor— es preciso obligar al gobierno, al Congreso y a los partidos a mirar más al país y menos a sus intereses.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx