Capitolio

Voto libre y secreto

Los partidos, sus candidatos y los independientes hicieron su parte en las campañas para conquistar el voto; mañana (domingo) corresponderá a los ciudadanos cumplir la suya: acudir a las urnas para nombrar dieciséis diputados de mayoría relativa (uninominales) y nueve de representación proporcional (plurinominales). Las elecciones son distintas entre sí, pero a cada una la influye el estado de ánimo de los votantes y el contexto económico, político y social.Si los procesos ahora son más abiertos y vigilados, se debe a la presión que ciudadanos y organizaciones civiles ejercieron durante décadas por unas elecciones libres, equitativas y transparentes. Todavía por avanzar, pero en esa dirección apunta la reforma política y la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (Legipe), promulgada por el presidente Enrique Peña el 23 de mayo, frente a la reticencia de los gobernadores, pues saben que les restará control.No solo las elecciones son distintas, también las campañas. Los candidatos mejor posicionados hoy en las encuestas pueden perder mañana en las mesas electorales. Incluso no solo deben cuidarse de los adversarios de otros partidos, sino también de los de casa, y de que, cuando se forman coaliciones o candidaturas comunes, las boletas se crucen bien para no ser invalidadas. Por tal circunstancia, organizan estructuras paralelas. Todavía existen guerras sucias, pero los pueblos y las ciudades ya dejaron de ensuciarse. En el pasado, las calles se inundaban de propaganda, mucha de la cual tardaba en retirarse; y en algunos casos, jamás.Poco a poco han desaparecido también los mítines, el acarreo y las concentraciones por inútiles y costosos, pues al final solo cambiaba el escenario; las audiencias siempre eran las mismas. Hoy se recurre a la fórmula de las tres “eses”: suela, sudor y saliva, lo cual confirma que el sufragio cautivo ha empezado a perder peso. Todavía existe el voto duro de los partidos, pero aun éste reacciona frente a situaciones agraviantes. Aplicada sin el criterio de que “para los enemigos, justicia; y para los amigos, justicia y gracia”, la Legipe puede por lo menos inhibir prácticas delictivas como la compra e inducción del voto y el desvío de recursos públicos por parte de funcionarios.Ronald Reagan escribió en su libro “Una vida americana” que en sus cuatro campañas (dos para gobernador de California y dos para la Casa Blanca) siempre se iba a la cama con la idea de que necesitaba un voto para ganar, aun cuando encabezara las encuestas. Ganó todas. Lo peor es confiarse. “Yo no me confío”, declaró José María Fraustro, candidato del PRI y de otros siete partidos por el distrito III (Saltillo), en el programa de televisión Charlas con Sarmiento. “Por lo mismo, las encuestas no circulan entre mis colaboradores”, apuntó.Lo importante de las elecciones consiste en votar. Quizá no sea el antídoto más eficaz contra la insatisfacción política, pero como derecho permite premiar o castigar a partidos y autoridades, según su honorabilidad y desempeño, y participar en la construcción de una mejor democracia, la cual puede medirse por la calidad de los ciudadanos y de sus gobiernos, razón por la cual no es perfecta. La abstención, en lugar de resolver problemas, los agrava y crea otros nuevos. 


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