Capitolio

Vacío de poder

¿Existe algo peor para un gobierno que la fuga del capo más buscado mientras su presidente se pasea por París como si tal cosa? Sí: la sospecha de que estamos frente a un montaje según el cual la evasión de “El Chapo” Guzmán no habría sido producto de sus habilidades de topo para cruzar un túnel de mil quinientos metros, construido frente a las narices de las autoridades, sino a un acuerdo en los más altos niveles del poder para evitar su extradición a Estados Unidos.

La duda está sembrada, pero si en México existiera un auténtico Estado de derecho, ¿cuál sería el problema? La semilla habría caído en el granito que reviste las instituciones.

Sin embargo, el rumor siempre hallará tierra fértil en un país cuyo gobierno miente y encubre a los corruptos. Peña se ve cada vez  más disminuido, solo y angustiado. En el colmo de su mala suerte, en el gabinete no le crecen los enanos.

Si a Enrique IV una misa le permitió ser rey de Francia, a su tocayo de México no le valdrá haber viajado a la “Ciudad Luz” y dejado al país sin mando para obtener claridaden sus prioridades. La pregunta de “¿No me veo?” de la procuradora Arely Gómez, en la conferencia para informar sobre la fuga de “El Chapo”, tiene una respuesta atroz: lo que no se ve gobierno.

Gómez deseaba saber si por su estatura y la elevación del atril era visible para los periodistas. Ese tipo de inconveniente se arregla con una tarima, pero el vacío de poder no se resuelve con recompensas, escenografía ni retórica. El presidente y su equipo están rebasados, no solo por la delincuencia, sino por su natural incompetencia.

Ortega y Gasset aconsejaba: “Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes”. Muchos en la administración peñista ya lo eran. Alejandro Martí elevó el tono: “Si no pueden, renuncien”, y Javier Sicilia remató: “Estamos hasta la madre”.

Pero con Peña se llegó al extremo: es su renuncia la que, en distintos momentos, se ha exigido en las calles y no deja de escucharse en las redes sociales. A Calderón se le dijo espurio y asesino; a Fox, lunático y deslenguado; a Zedillo, traidor (al PRI) y genocida; a Salinas, corrupto y sanguinario, pero al actual presidente se le acusa de todo, y de mucho tiene culpa. 



gerardo.espacio4@gmail.com