Capitolio

Urgencia de triunfos

La respuesta de Lupita Nyong’o sobre su éxito en el cine, vinculado a su origen mexicano, es una mezcla de talento y filosofía personales: “Lo que he aprendido es que no tengo que ser nadie más, yo sola soy suficiente, y que cuando lo hago puedo lograr algo extraordinario, como esto. No pensé que fuera posible, pero no lo cancelé de mis posibilidades. Permití que fuera posible”. El Oscar de Mejor Actriz de Reparto por 12 Años Esclavo “me pertenece a mí”, dijo cuando se le preguntó qué tanto de la estatuilla era para México, país donde nació y ha residido solo por temporadas cortas. Lupita, de 31 años, es mexicana por nacimiento, pero las raíces y trayectoria de la familia Nyong’o están en Kenia, África, como las de Hubertus Von Hohenlohe, nuestro veterano representante en los Juegos Olímpicos de Sochi —y antes en los de Sarajevo 1984, Lillehammer 1994 y Vancouver 2010— las tiene en Alemania e Italia. El éxito de la actriz y modelo contrasta con el fracaso del esquiador mexicano-austriaco, cuya participación en Rusia duró 53 segundos. El excéntrico deportista, quien alterna su residencia entre Marbella, el Principado de Liechtenstein y Austria, cayó en las pistas de Sochi como la Bolsa y la popularidad del presidente Peña en México.


A diferencia de Nyong’o, que no recibió el Oscar en kanga ni vestida de China poblana, sino con un Prada, Von Hohenlohe participó en la prueba de slalom con un traje de esquí estilo charro. Por supuesto, fue la comidilla de la competencia, en tanto que Lupita, cuyo nombre se debe a la tradición keniana de nombrar a los hijos con algún suceso relevante, en este caso la aparición de la Virgen de Guadalupe, se llevó las palmas después de Alfonso Cuarón. El más galardonado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas tiene solo una nacionalidad: la mexicana, aunque sus éxitos mayores los ha alcanzado fuera.


La urgencia de victorias que nos presenten como un país por encima de la politiquería, el narcotráfico, la violencia, la corrupción y la impunidad, nos hacen buscarlas incluso donde no las hay. Y donde existen, muchas veces no se aprecian. Un ejemplo es el concierto de los tenores Plácido Domingo (español), su discípulo Rolando Villazón (mexicano) y la soprano Anna Netrebko (rusa) en el Waldbühne de Berlín, en junio de 2006, en el marco del mundial de futbol.


El público ovacionó de pie a los tres artistas, lo mismo en sus interpretaciones individuales, a dúo y a tres voces como Brindisi de La Traviata de Verdi, en la que Alfredo le dice a Violeta: “Bebamos alegremente de este vaso/  resplandeciente de belleza/ y que la hora efímera/ se embriague de deleite/. Bebamos con el dulce estremecimiento/ que el amor despierta/ puesto que estos bellos ojos/ nos atraviesan el corazón. /Bebamos porque el vino/ avivará los besos del amor”.


Por directores del talento y creatividad de Cuarón y tenores de la talla de Villazón, segundo lugar del Concurso Operalia 1999, celebrado en Puerto Rico, y condecorado por el gobierno de Francia con el grado Caballero de las Artes y las Letras en 2008, México es apreciado y reconocido en el mundo más que por cualquiera de sus políticos, aparezcan o no en la portada de Time solo para escarnio de ellos mismos. La mayoría de los políticos desprestigian a un país que solo es suficiente y que, como Lupita Nyong’o, puede lograr cosas extraordinarias. Basta que se lo proponga.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx