Capitolio

Tráfico de influencias

El presidente Peña Nieto no podía partir a Asia y Oceanía sin una respuesta —la solución aún sigue pendiente— sobre los cuarenta y tres desaparecidos de Ayotzinapa. Por tal motivo, el procurador Murillo Karam anunció al detalle el exterminio de los normalistas. Sin embargo, al presidente lo sorprendió en el trayecto otra noticia potenciada por la prensa internacional: la “Casa Blanca” de siete millones de dólares (alrededor de ochenta y seis millones de pesos) que posee con su esposa Angélica Rivera en la Colonia Lomas de Chapultepec de la Ciudad de México.El asunto es tan espinoso, en términos de imagen e impacto social, dentro y fuera de México, como los de Ayotzinapa y Tlatlaya, pues es una mezclade imprudencia, descuido e insensibilidad en momentos críticos para el país. En el año 62 a.C., Pompeya fue anfitriona de una celebración exclusiva para mujeres, pero un admirador suyo, el adinerado Publio Clodio, se coló disfrazado con ropa femenina para estar cerca de ella. Enterado del episodio, Julio César sentenció: “No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo”.Para apartarse de toda sospecha, los hombres de Estado también tienen que “ser” y “parecer”. El gobierno federal aclaró sobre la Casa Blanca, de cuya existencia se sabe por una investigación de Aristegui Noticias: “La señora Angélica Rivera Hurtado pagó a la firma del contrato, en enero de 2012, casi un año antes de que su esposo fuera presidente de la República, el 30 por ciento del total del precio pactado (…) mediante la emisión de un cheque nominativo, de su cuenta personal, a favor de la empresa Ingeniería Inmobiliaria del Centro, S.A. de C.V., y en virtud de ello se le otorgó la posesión”.Cuando el presidente Peña presentó su declaración patrimonial, el 16 de enero de 2013, hizo compromiso: “La transparencia será fundamental en la presidencia democrática que me he propuesto conducir. Es una obligación sustantiva para dar confianza a una sociedad mexicana más plural, más informada y más participativa”. Sin embargo, en el mismo acto, omitió el valor de dos viviendas y cuatro terrenos cuya superficie total rebasa los ochenta y seis mil metros cuadrados, los cuales, dijo, le fueron donados. Los obsequios los recibió antes, durante y después de ser gobernador del Estado de México. El presidente tampoco incluyó en su situación patrimonial los bienes de su esposa.Según la Presidencia, la carrera profesional de Angélica Rivera le permitió comprar la casa de Lomas de Chapultepec.  La suspicacia surge de un hecho incontrovertible: Ingeniería Inmobiliaria del Centro, dueña todavía de la Casa Blanca, pertenece al Grupo Higa, uno de los principales contratistas del gobierno del Estado de México durante la gestión de Peña Nieto. En ese sexenio, la empresa de Juan Armando Hinojosa Cantú realizó obras por treinta y seis mil millones de pesos. También habría participado en la construcción del tren México-Querétaro, un proyecto por más de cincuenta mil millones de pesos, si la licitación no se cancela debido a sospechas de irregularidades bien fundadas.El tráfico de influencias es una de las práctica más comunes en nuestro país, donde el delito pocas veces se castiga. Quizá no sea el caso, pero la duda se ha sembrado. Lo más sensato, como pasó con el tren, es cambiar de residencia, pero sobre todo de acreedor, antes de que el ingenio popular la estigmatice, como pasó con la colina de López Portillo o el Partenón de Durazo. 


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