Capitolio

Sucesión en ciernes

El PRI tenía una regla hasta antes de la alternancia: “El que se mueve no sale en la foto”. Todo el mundo debía respetar los tiempos del presidente. Anticipar movimientos o, peor aún, actuar a las espaldas del “fiel de la balanza” equivalía a suicidio político.Con la alternancia en Los Pinos, las reglas cambiaron y ahora el que no se mueve es quien no sale en la foto; no es candidato. Humberto Moreira entendió el mensaje. Nombrado secretario de Educación por Enrique Martínez, se dedicó a hacer campaña para alcalde; y como alcalde, para gobernador; y como gobernador, para presidente del PRI; y como líder de su partido, para ser el plan B si la candidatura de Peña Nieto naufragaba.Como alcalde de Saltillo, Humberto Moreira recorría el estado, colgaba espectaculares con su nombre en ciudades y rancherías, celebraba pactos, bailaba, repartía patrullas usadas en otros municipios… y todos le aplaudían. Era “el joven maravilla”. Degeneración no solo de la política, sino de casi todo, como advierte Mario Vargas Llosa en “La civilización del espectáculo”. Al final, los costos de tener funámbulos en cargos de alta responsabilidad son demasiado altos; máxime cuando no existe castigo.A reserva de volver al tema en otros espacios, es evidente que la carrera por el gobierno de Coahuila ya empezó. No temprano ni tarde, sino en los tiempos naturales: en la curva del sexenio. Con otro estilo, Rubén Moreira también labró su candidatura antes de ser postulado por el PRI. Las fuerzas políticas se alinearon y así se dio, por vez primera, una sucesión entre hermanos, lo cual no violaba norma alguna, pero sí una regla no escrita. Finalmente, fue elegido con la mayor votación registrada hasta ahora.Dentro de dos años habrá candidatos al gobierno y ya empiezan a tantear el terreno los primeros corredores. Cada elección es diferente a la anterior y será distinta a que sigue; las condiciones cambian de una a otra y lo que hoy parece seguro mañana deja de serlo. Nadie puede detener el calendario; y en política, al contrario, se acelera. Sin embargo, como el país y Coahuila no están para bollos, sería un error distraer la atención de problemas acuciantes para entrar en un proceso al cual todavía le falta tiempo para madurar. 


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