Capitolio

Silencio en la Conago

La iniciativa de reforma fiscal del presidente Peña Nieto unificó al país en contra. La ceremonia del Grito, primera de su administración, estuvo desairada e incluso hubo abucheos. La oposición es porque el peso de los aumentos recae de nuevo en las empresas pequeñas y medianas y en las ya de por sí lacerada clase media. No se acepta igualar el IVA en la frontera a la tasa de dieciséis por ciento que se cobra en el resto del país. Menos aplicar el impuesto a colegiaturas, rentas e hipotecas.

Pero mientras organismos empresariales y organizaciones civiles hacen causa común para frenar una iniciativa que pretende castigar a los que “ganan más”, sin tocar a quienes evaden y eluden al fisco, incluso de manera flagrante, la Confederación Nacional de Gobernadores (Conago) no ha dicho esta boca es mía. Con la reforma, los mandatarios locales perderán instrumentos de control político y financiero, al asumir la Federación el pago de la nómina magisterial y el gasto en medicamentos y pago a proveedores del sector salud.

Un sindicato de gobernadores era impensable en el régimen priista. La presidencia imperial jamás habría admitido que le impusieran condiciones ni se discutieran sus mandatos. Tampoco, que ese grupo la presionara y menos que de él surgiera un presidenciable como Peña lo hizo desde el Estado de México para finalmente hacerse con el poder. Por eso ahora, con el PRI de nuevo en Los Pinos, la Federación empieza a reasumir el control en los estados.

La Conago fue una de las consecuencias del cambio de partido en el poder, alcanzado en 2000 con la victoria de Vicente Fox (PAN) sobre Francisco Labastida (PRI), después de setenta y un años de gobiernos priistas. La primera reunión de gobernadores fue en Mazatlán, el 10 de agosto de 2001. Asistieron veinte de los treinta y dos mandatarios, la mayoría del PRI. A ellos se unieron después los del PRD, para constituir la Conago, el 13 de julio de 2012. Los gobernadores del PAN se integrarían un año más tarde.

Los gobernadores pueden reunirse mas no celebrar alianzas, tratados o coaliciones con otros Estados ni con potencias extranjeras, prevé la Constitución (artículo 117). En los gobiernos de Fox y de Calderón tuvieron manga ancha y ganaron influencia política y económica. El PAN jamás contó, ni remotamente, con un número de gobernadores capaz de hacerle contrapeso al PRI en las entidades.

Sin un presidente que les exigiera cuentas, ni mecanismos de control sobre los presupuestos y la deuda, los gobernadores priistas utilizaron su poder, sobre todo financiero, para apoyar la candidatura de Peña Nieto. Pero con el PRI en la silla del águila, la Conago no tendrá la misma fuerza. La presión la ejercen ahora el PAN y el PRD dentro y fuera del Pacto por México.

La Conago se presenta como “un foro permanente, el cual busca fortalecer el federalismo mediante mecanismos democráticos, manteniendo pleno respeto de las instituciones de México. (…) es un espacio incluyente, abierto a todas las entidades del país, sin distinción de partidos políticos”. Asimismo, “Busca promover la consolidación de una nueva relación de respeto y colaboración entre los órdenes de gobierno”.

Sin embargo, la vuelta al centralismo y a una “presidencia fuerte” lo que menos fortalece es el federalismo. Los gobernadores, sobre todo del PRI, que son mayoría (veintiuno de treinta y dos), saben que los tiempos en los que eran absolutos —con Vicente Fox y Felipe Calderón— tocaron a su fin. Ninguno se atreverá a plantar cara al presidente.

gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx