Capitolio

Secretismo oficial

Cuando un equipo obtiene el campeonato su director suele ser propuesto para presidente —así de devaluada está en México la institución— mientras dura la euforia. Cuando en la siguiente temporada ese mismo “candidato” pierde varios juegos, las tribunas rechiflan y exigen su despido. La demanda, por lo regular, se atiende; el negocio es primero. En política sucede algo parecido, Humberto Moreira era ayer un semidiós y hoy es el villano. La diferencia consiste en que raras veces las autoridades incompetentes pierden su empleo —ahora se nombra un comisionado— o reciben castigo, pues las ampara la siempre poderosa e infalible Ley de Herodes.


Después de la carta de Alfonso Cuarón al presidente Enrique Peña, donde cuestiona la reforma energética por opaca y porque en nuestro país todo lo que el Estado toca lo corrompe y a la hora de hacer negocios los realiza entre compadres, no faltará quien piense en el director de “Gravity” para la Los Pinos. Solo que a diferencia de los técnicos del futbol, subordinados de las televisoras como igual lo son muchos políticos incultos, Cuarón sí podría serlo, por su capacidad y prestigio internacional, incluso al margen de los partidos, una vez que se autoricen las candidaturas ciudadanas.


Otra condición para que el cineasta pudiera ser candidato es que se interesara por la política, como, según trasluce el desplegado de las 10 preguntas, parece estarlo. Hay en el mundo ejemplos de presidentes que antes de serlo participaron en la industria cinematográfica —Ronald Reagan es uno de ellos— y no lo hicieron mal. La política y el cine tienen cosas en común como la posibilidad de crear ficciones y mundos paralelos. Los primeros no pasan de la pantalla; los segundos, sin embargo, se fijan en la mente de los políticos cual verdades absolutas.


La epístola de Cuarón, extensa, clara y bien fundamentada, resume en 706 palabras el sentimiento de millones de mexicanos. El presidente Peña la contestó en su cuenta de twitter con retórica, sin respuesta a ninguna de las interrogantes, en 61 palabras. Dice que el gobierno contestará “puntualmente” todas las preguntas —“una vez que se hayan presentado las Leyes Secundarias de la #ReformaEnergética”— y que las inquietudes del ganador del Oscar —“que muchos mexicanos comparten”— “enriquecen el debate”.


La cuestión es:¿cuál debate? Hasta ahora solo hemos visto un monólogo del gobierno hablándose a sí mismo, un Congreso timorato, información maquillada sobre los contenidos de la reforma a Pemex y a la CFE y escasa cobertura de los medios de comunicación sobre un tema que interesa a todos los mexicanos. Es decir, lo que existe es secretismo (“m. modo de actuar en secreto con respecto a asuntos que debieran manifestarse”, Real Academia de la Lengua) no debate. Precisamente, lo que Cuarón denuncia en sus 10 preguntas ciudadanas.


La posición de Cuarón, incluso antes de su carta abierta al presidente, es festejada y apoyada por artistas, políticos e intelectuales porque exhibe al sistema tal cual es: simulador y corrupto, al servicio de los poderosos. La mención al ex presidente Carlos Salinas, que en su sexenio privatizó bancos y paraestatales entre socios y compadres, toca otro de los timbres que enardecen a un país burlado y saqueado sexenio tras sexenio. El desplegado de Cuarón retrata a un hombre que obtuvo en el extranjero lo que aquíseniegaa la mayoría de los mexicanos: el éxito. Es la expresión de un ciudadano libre, preocupado por su país y por el futuro de sus hijos.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx