Capitolio

Salvando a Pemex

Lázaro Cárdenas fue el presidente que mejor representó las causas de la revolución, de la cual fue actor. El modelo socialista que implantó, con errores y defectos, correspondía a la época, cosa que no ha entendido la dictadura bicéfala de los hermanos Fidel y Raúl Castro en Cuba. El primero, cual oráculo, anticipa que China y Rusia reemplazarán al “imperio”. Lo que no dice es que el liderazgo del primero y la transformación del segundo se debe a las recetas de Estados Unidos, al libre mercado, y no a la doctrinade Marx. Jamás un acto como la expropiación del petróleo de 1938, cuarto año del gobierno cardenista, impactó tanto al México del siglo XX ni generó la solidaridad del pueblo. La gente pobre contribuyó con lo que pudo para liquidar a las petroleras extranjeras. Cárdenas se convirtió desde entonces en modelo para sus sucesores e incluso en su contrapeso. Por lo menos a uno —Miguel Alemán— lo bajó de la nube cuando, seducido por el canto de las sirenas y los negocios, pensaba en la reelección. El general había desterrado el maximato callista y no iba a permitir uno de derecha,así fuera del PRI. En la competencia absurda por superar a Cárdenas o al menos equiparársele, Luis Echeverría repartió tierras y toleró la invasión de propiedades agrícolas. Su fracaso y hundió al país. López Portillo estatalizó la banca y sus aduladores, para darle talla de estadista amado por su pueblo, inventaron colectas mediante las cuales la gente humilde ayudaría con sus ahorros —¿cuáles? si, según el presidente, “ya nos habían saqueado”— a pagar las indemnizaciones. Durante una visita de López Portilloa Saltillo, el líder Leobardo Flores Ávila expresó a voz en cuello el sentimiento de la clase obrera: “Usted, señor presidente, le dio un ‘karatazo’ a los banqueros”. La recaudación de donativos, que pretendía emular a la de 1938, devino en fiasco por ser una simulación, un farsa. Si Echeverría arruinó el país, López Portillo lo apuntilló. Después de ellos vendrían los tecnócratas, todavía peores, y la alternancia en Los Pinos.Hoy ya no se recurre a colectas para apoyar causas nacionales. En primer lugar, porque dejó de haberlas; y en segundo, porque la ciudadanía ya no cree en el gobierno ni en sus gobernantes. Los ve actuar impunemente contra los intereses del país y abomina de ellos. Hoy las autoridades, los congresos, los partidos meten la mano en el bolsillo de los contribuyentes para extraer hasta el último peso, sin sacrificarse en nada. Se premia a los corruptos y nada pasa… hasta que pasa. La decisión del Congreso—es decir, de los diputados que teóricamente representan al pueblo— para que el gobierno pague con dinero de los mexicanossus compromisos con los sindicatos de Pemex y la CFE, constituye un nuevo atraco. Los pasivos laborales por pensiones, primas, bonos y aguinaldos de ambos monopolios rondan los 1.7 billones de pesos. Las deudas a proveedores y por concepto de impuestos elevan el pasivo a 2.2 billones. Ya se rescataron los bancos y las carreteras, ahora se lanzan salvavidas a las industrias petrolera y eléctrica. Vaya descaro. Corrupción acumulada durante décadas, ineficiencias, desvío de recursos a campañas políticas (Pemexgate), cajas chicas, lujos y excentricidades de políticos, líderes sindicales (Hernández Galicia, Salvador Barragán, Romero Deschamps, Rodríguez Alcaine) y sus júniores pagados por las actuales y las futuras generaciones. Los sabios de la política aconsejaban estirar la liga, no reventarla.



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