Capitolio

Retrospectiva electoral

Menos de cuatro mil votos separaron a Jesús de León de la alcaldía de Torreón, en las elecciones de julio. El esfuerzo y los desvelos de una segunda campaña resultaron insuficientes para vencer obstáculos, inercias y divisiones en el Partido Acción Nacional. El panismo no acudió a las urnas como otras veces. Aun así, De León recibió veinte mil votos más que en 2009. El PRI, que ese año captó ciento treinta y dos mil, bajó a ciento cinco mil. Su alianza con cuatro partidos le permitió a Miguel Riquelme ganar.

Charlé con De León cuatro días después de los comicios. Lucía cansado y con el ánimo abatido, pero “con la frente en alto”. No era para menos. La alternancia se daba por sentada en Torreón, no en Saltillo. Las cosas, al final, giraron de manera dramática.

El PRI perdió la ciudad que tuvo mejor alcalde —sin que la administración de Jericó Abramo haya sido excepcional— y mayor infraestructura, empleo, desarrollo y expectativas. Ubicada en las antípodas por los altos índices de inseguridad, desempleo, deterioro de servicios, falta de inversión y emigración de jóvenes y empresarios, Torreón, esta vez, no dio el empujón.

Saltillo tendrá su tercera alternancia con el empresario Isidro López Villarreal —desde hoy una las figuras para la sucesión de 2017— y Torreón cuatro años más de gobierno priista. Paradojas de la democracia. El PAN perdió la capital lagunera, pero ganó Monclova, Frontera, Acuña, Sabinas y otros municipios. A partir del 1 de enero próximo, casi la mitad de los coahuilenses será gobernada por alcaldes no priistas. Incluido Parras, donde el Partido Verde ganó por segunda vez consecutiva.

De León seguirá en la política. Aún es joven: 39 años. El ex candidato no destila amargura. Tampoco busca culpables por el resultado de una elección que no estuvo en sus manos decidir. Una semana después de la derrota fijó su posición en una carta abierta a los ciudadanos de Torreón.

Empieza por el contexto. “Mi partido, mi planilla y yo, hicimos el máximo esfuerzo para ganar su confianza y convencer de que éramos la mejor alternativa de gobierno. Logramos la mayor votación por partido. El PAN captó 106 mil 560 votos y el PRI 105 mil 094. Para ganar (apenas con el 1.7 por ciento de la votación total), el candidato oficialista necesitó de otros cuatro partidos. Solo no pudo.

“Como en cada elección, enfrentamos no solo a un partido, sino a una compleja estructura, de la cual forma parte el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Coahuila, dedicada desde hace varios años a comprar votos y a manipular conciencias para conservar el poder al costo que sea. Aun así, la voluntad popular de cambio es mayor. La votación del 7 de julio contra el mal gobierno es prueba irrefutable”.

Concluye con un mensaje que le da estatura. Uno de sus destinatarios, cuyo nombre, por obvio, omite, es Jorge Zermeño, el aspirante que no se resignó a estar fuera de las boletas:

“Perder no me arredra ni abate mi espíritu. Como lagunero, siempre me verán en pie de lucha y con la frente en alto. Mi esposa, mis hijos, mis padres y Torreón me inspiran y con su abrazo reparan mis fuerzas. Como panista, yo sí sumaré mi esfuerzo y energías, sin condición ni reservas, para que este gran partido de ciudadanos y sus candidatos ocupen el lugar que por su historia y principios merecen”.

Los coahuilenses irán de nuevo a las urnas el 6 de julio próximo, esta vez para elegir diputados locales. La duda es si el PAN se recuperará en Torreón.

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