Capitolio

Respuestas efímeras

Rubén Moreira cierra el segundo año de su administración a un ritmo frenético, tal como empezó el sexenio. El 30 de noviembre rendirá su informe ante el Congreso, con un formato que permitirá el debate con los diputados, como sucede en los sistemas parlamentarios. Ejercicio nuevo en México, igual que otros, a escala nacional, encuentran su precedente en Coahuila. Un ejemplo es el Programa Estatal de Derechos Humanos, calificado por Moreira como “el principal acto” de su gobierno.

Antes de acudir al Congreso, el sábado próximo, Moreira se retiró, bíblicamente, al desierto. Durante una semana recorrió ejidos donde los secretarios del ramo jamás se paran. Incluido el actual, Noé Garza, a quien los jornaleros de la Comarca Laguna tienen en la peor de las estimas, pues el subsidio federal les llega rasurado en más de la mitad, lo cual viola sus derechos humanos. ¿Lo sabe el gobernador?

—Rubén tiene una agenda abrumadora. Hay días que empezamos antes del amanecer y terminamos después de la media noche—me dice un funcionario—. Pocos le aguantan el paso — admite.

Las circunstancias no dejan margen para “el ocio y la disipación” (Benito Juárez “dixit”). Máxime después de un sexenio de abandono de las tareas fundamentales (seguridad, economía, justicia, planeación) que deterioró al estado y pervirtió las instituciones. Gobernar se ha convertido en una tarea altamente demandante, no siempre ineficaz, y cada día menos apreciada por una sociedad que la juzga deleznable por la acción de políticos rapaces.

—El éxito de las agendas no radica en su saturación, sino en su productividad e impacto. Fijar tres o cuatro asuntos prioritarios, y no dispersarla atención en veinte o treinta, surte mayor efecto porque derrama el beneficio en el conjunto y no en partes aisladas—le digo a mi interlocutor.

Los jefes de estado y de gobierno se organizan así, pues entienden que no son superhombres ni pretenden serlo. Además, disponen de gabinetes y estructuras dirigidos a sectores y problemas específicos, los cuales están obligados no solo a atender, sino a resolver (“si no pueden, renuncien”, les dice todavía hoy Alejandro Martí, a cuya voz se unen algunos militares de alto rango). De ese modo, las cabezas tienen tiempo para pensar y acometer con claridad los asuntos de mayor calado.

Rubén Moreira iniciará en diciembre el segundo tercio de su administración que lo enrumbará, ya, a la mitad de su período. El ritmo de trabajo es extenuante, pero ¿cómo medir la productividad de sus agendas y jornadas maratonianas? Nada menos, anteayer presentó el Programa Estatal de Derechos Humanos, primero en el país, cuya elaboración tardó dos años. Detrás de cada informe existen tensiones, trabajos y desvelos. ¿Percibe la calle los resultados de ese esfuerzo? Todavía no.

El propio Moreira dijo, ante funcionarios de Gobernación y de la ONU, que no existen respuestas “de un día para otro” y que las que aparentan serlo resultan igualmente efímeras. La gira por el desierto le sentó bien. Javier Hernández Valencia, representante de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, declaró que en Coahuila se ejerce un liderazgo “desde delante”, desde el despacho del gobernador. El problema es que en su equipo faltan líderes que le acompañen en la tarea de entregar un estado mejor del que recibió.

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