Capitolio

Renuncias y castigo

La fuga de “El Chapo” Guzmán no sorprendió a los mexicanos, pues casi el 70 por ciento ya la esperaba. Así se lo dijo el periodista León Krauze al presidente Peña en una entrevista para Univisión transmitida el 26 de febrero de 2014, cuatro días después de la recaptura del capo en Mazatlán.

Krauze no obtuvo de Peña el compromiso de que una nueva evasión no ocurriría, sino una declaración titubeante: “sería imperdonable”.

El presidente no es carcelero para vigilar a delincuentes de alta peligrosidad, sin embargo tampoco es estratega militar, financiero, diplomático, especialista en cuestiones energéticas ni experto en temas de seguridad, pero sí jefe de quienes dirigen esas tareas y en consecuencia corresponsable de sus actos.

Él nombró el gabinete por razones de amistad e intereses comunes en el Estado de México; eso explica el remedo de gobierno y el desastre de liderazgo que hoy tenemos.

El escándalo persigue a Peña. El 9 de noviembre pasado, en su viaje a China, Carmen Aristegui informó sobre la “Casa Blanca”, adquirida por Angélica Rivera, esposa del presidente, a uno de los contratistas favoritos del gobierno federal: Grupo Higa.

El reportaje provocó reacciones en el mundo y daños irreparables a la imagen presidencial. ¿Y en México? Virgilio Andrade fue nombrado secretario de la Función Pública para investigar un posible caso de conflicto de interés, hasta ahora sin castigo. Una nueva mascarada. Aristegui perdió su empleo en MVS por un motivo banal.

Ahora fue en vuelo a París cuando Peña supo de la fuga de “El Chapo”, cuya captura blasonaba el PRI y su débil gobierno. “Si un partido político se atribuye el mérito de la lluvia, no debe extrañarse de que sus adversarios lo hagan culpable de la sequía”, advirtió Dwight W. Morrow.

Una fuga consumada no importa si ocurrió el sábado o hace más tiempo.

Lo grave es el suceso, máxime si el evadido es el delincuente más buscado. A Fox, “El Chapo” se le escapó cuando aún no cumplía dos meses en la presidencia; a Peña, en su tercer año de gestión, y para más inri, del penal de alta seguridad del Altiplano (Almoloya), en el Estado de México, cuyo gobierno antes usufructuó. La fuga de Guzmán exige renuncias y castigo en los más altos niveles del poder. 



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