Capitolio

Purga en los estados

Los gobernadores empiezan a pagar la borrachera de doce años de poder absoluto. Uno de los efectos perniciosos de la alternancia en Los Pinos fue la multiplicación de “gobiernos imperiales”. Frente a la complacencia e incapacidad de Vicente Fox y Felipe Calderón para contenerlos y sujetarlos a la ley, los mandatarios locales —el PRI siempre ha tenido mayoría—, reprodujeron en sus estados el modelo presidencialista. Las consecuencias saltan a los ojos: corrupción, endeudamiento, inseguridad y fragilidad institucional.El Informe País Sobre la Calidad de la Ciudadanía en México, presentado por el Instituto Nacional Electoral (INE) el 16 de junio, refleja esa realidad: los gobiernos estatales figuran entre las organizaciones menos confiables con solo un treinta por ciento a escala nacional junto con los ayuntamientos. Por debajo de ellos están los sindicatos (21%), las policías (22%) y los jueces (24%). Las instituciones mejor calificadas son el Ejército (62%), los maestros (56%) y las iglesias (55%). Sometidos al poder central durante más de setenta años, los gobernadores liberaron su poder desde que Vicente Fox asumió la presidencia. Sin embargo, fue en el sexenio de Calderón cuando dieron el paso más audaz: organizarse para reinstalar al PRI en Los Pinos. En el sexenio 2006-2012, la mayoría de los estados contrajo deudas fabulosas. Coahuila se convirtió en escándalo por tres razones: 1) Humberto Moreira recibió pasivos por trescientos cincuenta millones de pesos y los disparó a más de treinta y cinco mil millones; 2) el tamaño de la deuda con relación al presupuesto del estado; y 3) la contratación de créditos con decretos falsos. El bloque de mandatarios priistas determinó la candidatura del gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, y dejó fuera de la sucesión al líder del Senado, Manlio Fabio Beltrones. El PAN y el PRD sugieren que una parte de las deudas estatales se desvió para ganar elecciones locales y apoyar la campaña de presidencial. El más señalado por esas presuntas prácticas fue Humberto Moreira, líder del PRI entre marzo y diciembre de 2011, después de haber sido electo para un período de cuatro años. Como fieles de la balanza, los gobernadores supusieron que la fiesta en sus estados seguiría otros seis años, pero hoy las condiciones son distintas. La presión política y social contra la mayoría de ellos, aunada a la incuria e incompetencia de Javier Duarte (Veracruz), Rodrigo Medina (Nuevo León), Egidio Torre (Tamaulipas), Eruviel Ávila (Estado de México), Aristóteles Sandoval (Jalisco) y otros colegas suyos, devino en crisis política. El presidente Peña empezó la purga con Fausto Vallejo, a quien sustituyó por el rector de la Universidad Autónoma de Michoacán, Salvador Jara Guerrero.Lo mismo que en el antiguo Señorío Purépecha, donde nombró como comisionado a Alfredo Castillo, en funciones de gobernador, el presidente puso en manos de las fuerzas armadas y de la Secretaría de Gobernación la seguridad de Tamaulipas. Egidio Torre reemplazó como candidato a su hermano Rodolfo, asesinado el 28 de junio de 2010 —seis días antes de las elecciones— por la delincuencia organizada.El gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, se ha mantenido hasta ahora fuera de la zona crítica a pesar de la enorme deuda y de los elevados índices de inseguridad que heredó de su hermano Humberto. La violencia en La Laguna, una de las regiones más peligrosas del país, pudo frenarse con un plan coordinado por la Federación; su cáncer de próstata también está bajo control. 



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