Capitolio

Primera impresión

Con Torreón en funciones de capital alterna, por la agenda del gobernador Rubén Moreira en la ciudad y sus alrededores, Miguel Riquelme se plantó frente a dos teleprompter para informar sobre los cien primeros días de gobierno municipal. Solo los ex alcaldes priistas en la banca o en cargos de poca monta lo acompañaron: Manlio Gómez Uranga (el equivalente de Riquelme en los ochenta), Heriberto Ramos Salas, Carlos Román Cepeda y Javier Garza. Ninguno de los predecesores panistas de Riquelme asistieron a la ceremonia,por estar ocupados o porque no recibieron invitación. Jorge Zermeño desempeña un cargo de menor jerarquía en la PGR, después de haber sido líder del Congreso y embajador en España; Guillermo Anaya preside la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara baja y colabora, junto con José Ángel Pérez, en la campaña de Gustavo Madero para un segundo periodo —esta vez de quince meses— en la presidencia del PAN.


La representación empresarial más sólida recayó en Ramón Iriarte. El resto del auditoriolo formaronpolíticos, rectores y organizaciones sociales. De Saltillo hicieron el viaje reporteros que cubren la fuente del gobernador Moreira, quien ha pasado la mayor parte del mes en La Laguna, en atención a una oferta de campaña. En política todo es cálculo. “La forma es fondo”, decía Jesús Reyes Heroles, el último ideólogo del PRI. Más allá de los números y de las acciones emprendidas en poco más de tres mesesde gobierno —perceptiblesya en algunos sectores—, después de cuatro años de abandono, el acto confirmó que Riquelme está al frente de la ciudad y ejerce el poder sin dejar resquicios. El alcalde puede llegar a ser el líder que el municipio no ha tenido desde hace décadas; si lo logra, no será por obra de la casualidad. Pues mientras las dinastías comarcanas esperaban candidaturas a dedo, Riquelme trabajó en las bases de su partido hasta convertirse en operador imprescindible para los últimos gobernadores. No solo de Humberto y Rubén Moreira, sino desde el sexenio de Rogelio Montemayor.


¿Riquelme es aceptado por todos los sectores de Torreón y La Laguna? Ni remotamente. ¿Quién puede serlo? Hoy mismo hay agentes políticos y económicos que en lugar buscar en la Comarca un proyecto político a futuro y contribuir en su consolidación, miran a Saltillo para localizar —en el PRI y o el PAN— al sucesor de Rubén Moreira, que en diciembre iniciará su cuarto año de gobierno. Para aspirar a otros escenarios, Riquelme debe ampliar su base de ciento doce mil seiscientos votos (sumados los del PRIy otros cuatro partidos) con los que ganó las elecciones de 2013. Para ser reconocido como alcalde —dentro y fuera de La Laguna—, recuperar la confianza ciudadana y atraer a los sectores que no votan o lo hacen contra el PRI, Riquelme necesita brindar resultados en los cuatro primeros años de su gestión, es decir, de cabo a cabo, como lo hizo en el lapso del 1 de enero al 10 de abril. El ambiente en Torreón empieza a cambiar y la percepción del futuro luce menos pesimista, pero aúnasí es más lo que falta por hacer. La primera impresión siempre es importante. Sin embargo,puede devenir en frustración si el paso no se mantiene vigoroso, las ambiciones se desbordan yel equipo flaquea, como ocurre en los grupos donde lasluces son pocas y muchas las sombras.El primer destello proviene del alcalde y de un liderazgo que no crea vacíos. Riquelme llena el puesto a diferencia de su antecesor, que incluso en la ciudad estaba ausente.


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