Capitolio

Plaga de partidos (II)

Si las empresas y la iniciativa particular recibieran lasfacilidades y ventajas que el gobierno brinda a los partidos para constituirse, México sería una potencia.Cada entidad recibe,junto con su registro, un juego de llaves maestrasque abren el presupuesto, la presidencia, el congreso y los gobiernos locales. También sirven para hacer negocios. Si la política no fuese redituable, ¿cómo explicar la permanencia de fósiles como Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, coordinadores de las bancadas del PRI en el Senado y en la Cámara de Diputados?En México existen siete partidos nacionales.Por orden de registro, son: el PAN, el PRI (aunque diez años mayor, ha cambiado dos vecesde nombre), el PRD, el PT, el Verde, Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) y Nueva Alianza. El número es excesivopara un país cuya población ronda los ciento diez millones. Pero que un estado como el nuestro, con menos del tres por ciento de los habitantes del país,tenga trece (siete nacionales y seis locales)es sencillamente una locura.La mayorparte de la república funciona sin partidos locales. Si nada aportan, ¿para qué gastar en ellos?Lo absurdo es que un estado con las estrecheces del nuestro subsidie aUnidad Democrática, Primero Coahuila, Social Demócrata de Coahuila, Partido Joven, de la Revolución Coahuilense y Progresista de Coahuila. Y por si fuera poco, hay más en lista de espera. La mayoría son aliados del PRI, al que salvaron de la debacleen los comicios de julio pasado, pues de no haber sido por algunos de ellos tampocohabría ganado Torreón. Los satélites tienen por función dividir el voto, atomizarlo.Una buena noticia es que el IFE acaba de cancelar el registro de cuatro agrupaciones políticas nacionales, de las noventa y dos que existían hasta 2011, por no acreditar actividad política durante un año. Con ello se canceló la posibilidad de que la Confederación Nacional de Estudiantes Mexicanos, Hombres y Mujeres de la Revolución Mexicana, Movimiento Patriótico Mexicano y Va por México, pudieran convertirse en partidosen el futuro.En Coahuila es inaplazable suprimir partidos para dejar de simular una democracia pluripartidista, brindarle al elector mejores opciones y darle un respiro al presupuesto. Con los nacionales basta y sobra. La vía para hacerlo es una reforma que obligue a los satélites a competir solos en una o dos elecciones y elevar el mínimo de votos para conservar su registro. La enmienda mejoraría la calidad de los ayuntamientos y del Congreso y equilibraría la representación de las fuerzas políticas reales.Son temas que la reforma política, planteada por el PAN y el PRD a escala nacional,con el visto bueno del presidente Enrique Peña,debe considerar si en realidad desea extirpar vicios. La designación de Alberto Campos Olivo como consejero del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, en lugar del fallecido Jacinto Faya Viesca, no solo enturbia el proceso para la renovación del Congreso local el año próximo. También es una provocación al Pacto por México y un motivo más para crear el Instituto Nacional de Elecciones como sucedáneo del IFE y de los treinta y dos órganos locales.Las reformas para limitar el poder de los partidos, disminuir su número y dotar de autonomía a las instituciones electorales, tienen por descontado el apoyo ciudadano. 


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