Capitolio

Pemex: la caja negra

Aún no se manifiesta el descontento social por las maniobras del gobierno y el Congreso para endosar a los mexicanos pasivos laborales de Pemex y la CFE por más de 1.6 billones de pesos, que dispararán la deuda pública del país entre 25 y 30 por ciento, pero ya surgió un nuevo agravio: el sindicato de Carlos Romero Deschamps fue condenado a pagar mil cuatrocientos millones de dólares a la empresa Arriba Limited, de Texas, por incumplimiento de contrato.El juicio data de 1984, cuando el petróleo era todavía la base de la soberanía nacional, según la retórica priista. Conviene recordar a los actores de entonces, por su rivalidad y contribuciones al envilecimiento político, a la ruina económica y al deterioro moral del país: Miguel de la Madrid, presidente; Carlos Salinas de Gortari, titular de la Secretaría de Programación y Presupuesto; Mario Ramón Beteta, director de Pemex; y Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, fallecido en 2013, líder del STPRM.Arriba Limited entregó en 1984 dos millones de dólares al sindicato, como parte de un convenio por la venta de residuos de petróleo crudo, pero la SPP, es decir, Salinas, anuló la concesión de Pemex. Si fue para sanear una empresa y un sindicato corruptos, ¿por qué no lo hizo pues en su sexenio? La decisión fue quizá el principio de la animadversión entre Salinas y “La Quina”. Tres años después, Hernández apoyaría la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas; y Salinas, ya en el poder, le fabricaría delitos (homicidio y acopio de armas) para encarcelarlo y deponerlo.Los mil cuatrocientos millones de dólares que la jueza Sylvia Matthews ordenó pagar, el 15 de julio, a Arriba Limited —deuda que seguramente el gobierno y el sindicato también tratarán de encajar a los mexicanos—, tuvieron como origen una compensación por noventa y dos millones de dólares pactada entre las partes. Un nuevo acuerdo, no especificado, liberó al gremio del pago, pero como tampoco cumplió, en 1989 fue demandado por 273 millones de dólares. Ese año, en Dallas, Texas, el avión presidencial mexicano fue embargado y liberado al demostrarse que no era propiedad de Pemex. Para 1990, la deuda ya casi se había cuadruplicado y el sindicato seguía sin dar señales de vida. La demanda se enderezó entonces contra Pemex. Arriba Limited la acusó de “delincuencia organizada y extorsión”. ¿Con Salinas y su hermano Raúl en el poder? Imposible. Una década más tarde, desde la torre petrolera, Rogelio Montemayor le lanzó a Romero Deschamps un salvavidas por 250 millones de pesos, el cual solo sirvió para paliar la crisis. Después vendrían otras condenas, amagos de congelar fondos del sindicato en bancos de Nueva York y nuevos acuerdos incumplidos, hasta llegar a la sentencia de la juez Matthews.La corrupción, la ineficiencia, el clientelismo y la complicidad con el sindicato terminaron por causar la quiebra de Pemex, caja negra del sistema. Sin embargo, la culpa no es solo de los gobiernos sucesivos y de líderes enriquecidos y eternizados como Romero Deschamps, sino también, y sobre todo, de los mexicanos, de su pasividad, por tolerarlos y por no exigir legalidad, transparencia, rendición de cuentas y castigo para los corruptos. Los diputados y senadores se creen en verdad salvadores de la patria. Contra ellos, pero el novelista inglés Aldous Huxley nos advierte: “Cuanto más siniestros son los designios de un político, más estentórea se hace la nobleza de su lenguaje”. 


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx