Capitolio

Partidos y candidatos

Saltillo y Torreón concentran la mitad de los dieciséis distritos electorales de Coahuila. Si se considera que el PAN ganó la capital y el PRI estuvo a punto de perder la metrópoli lagunera el año pasado, el pronóstico es que las ocho diputaciones de mayoría que les corresponden se distribuirán entre las dos principales fuerzas políticas del estado según los ciudadanos lo decidan el 6 de julio. El PRI obtuvo carro completo en las elecciones legislativas de 2011, cuando también se votó para gobernador, pero hoy las condiciones son distintas. Acción Nacional participa solo y con candidatos propios, lo mismo que el PRD, el PT, la UDC, Movimiento Ciudadano y el PRO. José Luis Garay y Ricardo Torres destacan entre los aspirantes de las izquierdas mejor cualificados. En cambio, las fórmulas del PRI van arropadas por siete partidos satélite, bajo las figuras de coalición parcial (“Todos Somos Coahuila”), en nueve distritos, y de candidaturas comunes, en los siete restantes. Algunos candidatos lo son por mero cálculo político. Se recurrió a familiares de líderes de oposición para partir el voto y a perfiles más sociales que políticos para tratar de compensar el desprestigio de los partidos. En el distrito I, por ejemplo, la fórmula del PRI y sus aliados (ni caso tiene mencionarlos) la encabeza Javier Díaz, yerno del alcalde de Saltillo, Isidro López, quien enfrentará a un rival competitivo como es el empresario Miguel Ángel Wheelock, postulado por el PAN.


En el distrito II, la “Coalición Todos Somos Coahuila” postuló a Francisco Tobías, uno de los diputados de Humberto Moreira en la anterior legislatura y por lo tanto vinculado a la deuda. Su “renuncia” al PRI e inmediata nominación por el PSD fue un ardid que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no pasó por alto. Pues en caso de ganar, su asiento se le contabilizará al Revolucionario Institucional y no al fantasmal Social Demócrata. La candidata de Acción Nacional es Silvia Oropeza.


El distrito más atractivo es el III, donde no solo está en juego la curul, sino también el liderazgo del próximo Congreso y un proyecto para la sucesión de 2017. El priista José María Fraustro es la figura de las nóminas de aspirantes, como en la actual legislatura lo es Eliseo Mendoza, por su trayectoria en el sector privado y en el servicio público donde ha sido rector de la UA de C, subsecretario de Educación en el gobierno de Vicente Fox y secretario de Educación con Rubén Moreira. Sin embargo, el panista Carlos Pepi es un contrincante de cuidado.


Rosario Jiménez es la aspirante del PAN más fogueadas, pese a su juventud. Antes de competir con Marta Garay (PRI) en el distrito IV, lo hizo con Fernando de las Fuentes en la demarcación federal del mismo número, en 2011. Entonces captó cuarenta y ocho mil votos. Garay apuesta más a su perfil ciudadano que a su militancia partidista. Por esa razón es candidata en una de las jurisdicciones más competidas.


La cuestión es qué tanto han impactado las campañas en el ánimo ciudadano y hasta dónde el entorno político y económico del país y del estado incidirá en el voto. Elecciones de este tipo suelen ser desairadas, pues los diputados no manejan nóminas ni presupuesto, a diferencia de los alcaldes y los gobernadores, pero su función de contrapeso —devaluada por culpa de ellos mismos— es importante. Los comicios de alcaldes del año pasado tampoco registraron una alta participación y sin embargo hubo alternancia en más de un tercio de los municipios.


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