Capitolio

Parras: buen principio

El Partido Verde (por fuera, podrido por dentro) ganó Parras por vez primera hace cuatro años y en 2013 repitió la hazaña. Los paisanos del presidente Francisco I. Madero votaron por el empresario Jorge Dávila Peña para olvidar a Evaristo Madero Marcos, a quienes muchos de ellos califican de “impúdico chivo en cristalería”. El descendiente del “Apóstol de la Democracia” ha sido alcalde dos veces; la primera, por el PAN.
La explicación de por qué, si Madero Marcos fue pésimo alcalde, los parrenses reincidieron con Verde, es que no votaron por las siglas de un partido satélite, sino por el candidato. La confianza en Dávila se funda en su trayectoria social y empresarial, y en que si Madero pensaba manipularlo, se equivocó en redondo. Dávila ganó con votos porque convenció de ser la mejor opción.
El PAN, que ha ocupado la alcaldía de Parras en dos ocasiones, cayó al cuarto lugar después del PRI y el PT. El PRI, como sucedió en Saltillo y Monclova, cometió el error de postular a un ex alcalde con negros antecedentes: Gerardo Segura Teniente, quien, de burócrata federal anodino, en poco tiempo se convirtió en terrateniente e inversionista boyante. El repudio de los parrenses contra Segura se manifestó en las urnas de manera irrebatible. Con Dávila esperan tiempos mejores.
Parras empieza a recuperarse del cierre de FELSA, industria emblemática, el cual constituyó un golpe para la economía y la moral del municipio. Si el flamante alcalde capitaliza el entusiasmo social por su elección y las ventajas de gobernar un pueblo mágico, el turismo atraerá nuevas inversiones, visitantes y fuentes de trabajo. El ánimo de sus empresarios está por todo lo alto. En Torreón ocurre lo contrario.
Así lo constaté en la celebración por los cincuenta años del hotel Rincón del Montero, el 23 de noviembre. La obra que don Gustavo Hernández y su esposa Rosa María Madero emprendieron en 1963, diecisiete años después la continuaron Jesús García Garza y su señora Ángeles Madero —hija de los fundadores— hasta dotar a Parras y al estado de una de las mejores instalaciones para el descanso y la convivencia entre padres, hijos y nietos. Mi familia es cliente desde hace varias décadas.
Empresarios de Parras, La Laguna, Saltillo e incluso de otros estados asistieron a la comida de aniversario. Mi esposa Chilo y yo compartimos mesa con hoteleros de este oasis. Uno de ellos, que combina el negocio con la medicina, llegó por seis meses y ya tiene de radicar más de treinta años. El buen ánimo está a flor de piel. En la mesa se cuentan anécdotas, pero el tema dominante son los planes, las inversiones. No escuché lamentos ni quejas. Se tiene conocimiento de lo que pasa en el resto de Coahuila y del daño que la mayoría de los ex alcaldes causaron en sus municipios.
A Óscar Flores Tapia se le recuerda como benefactor y amigo. “Antes y después de él, ningún gobernador se dedicó tanto a Parras”, me dicen dos hoteleros. En efecto, Flores Tapia sentía predilección por este remanso. Acaso por ser cuna de Madero y por gratitud con uno de los hermanos del “Mártir de la Revolución”, don Raúl Madero González, de quien recibió sus primeras oportunidades políticas.
El problema de Parras es que ha tenido pésimos alcaldes. Sin embargo, el hecho de que Dávila Peña se haya sacudido desde un principio la férula de Evaristo Madero, es un buen principio. Nada me daría más gusto que ver florecer a Parras.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx