Capitolio

País convulsionado

Si un sexenio no basta para brindarle gobernabilidad a estados fallidos como Michoacán, cuatro años son un suspiro. Más para un gobernador enfermo, Fausto Vallejo (PRI), quien se separó del cargo entre abril y octubre de 2013 para someterse a un trasplante de hígado. Vallejo fue electo el 13 de noviembre de 2011 para un periodo de tres años siete meses —su antecesor Leonel Godoy (PRD) gobernó cuatro, producto de una reforma tendente a empatar los comicios locales y federales del año próximo.

Un acuerdo previo entre algunas fuerzas políticas planteaba posponer hasta 2009 las elecciones para gobernador y nombrar uno provisional de dos años al término del sexenio de Lázaro Cárdenas Batel (PRD). El Partido de la Revolución Democrática y Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano) interpusieron un recurso de inconstitucionalidad y la Corte anuló la reforma. Finalmente, el PRD, el PAN y el PRI pactaron dos gobierno cortos, el segundo de los cuales concluirá el 30 de septiembre de 2015.

De esa manera, los comicios michoacanos y los de diputados federales concurrirán en julio de ese año. Las elecciones de 2011 con Humberto Moreira en la presidencia del PRI fueron particularmente competidas y debieron anularse por la violencia política y la abierta intromisión del narcotráfico en el proceso.

En ese escenario, el PAN y el PRD tantearon una candidatura común para cerrarle la puerta a la delincuencia organizada. Ventajista, Moreira condicionó: el candidato tendría que ser del PRI, aunque el PRD era el partido en el poder. Al ex gobernador de Coahuila le urgía ganar elecciones para afianzarse en el ánimo de Peña Nieto y obtener proyección nacional. El 13 de noviembre de 2011, el voto de los michoacanos se partió en tres: 658 mil para Vallejo (PRI-Verde), 606 mil para Luisa María Calderón, hermana del presidente (PAN-Panal), y 535 mil para Silvano Aureoles (PRD-PT-Movimiento Ciudadano).

El candidato priista fue electo por una minoría. Calderón y Aureoles captaron juntos 1.1 millón de sufragios. En la capital (Morelia), la alianza PRI-Verde ganó por menos de cuatrocientas papeletas.

La crisis en Michoacán, que condujo a la imposición de Alfredo Castillo como gobernador de facto, exhibe a México como un país ingobernable en los medios internacionales, las redes sociales y en foros internacionales como el Económico de Davos, recién celebrado. El tema de la violencia y la inestabilidad acompañó al presidente Peña a Suiza y opacó las reformas de su gobierno en materia energética. El conflicto es social y político.

El abandono de la Federación, la debilidad de las autoridades locales y federales, la expansión de la delincuencia organizada, que ocupa territorios, y la impunidad, dan por resultado estados fallidos.

Las guardias comunitarias y los grupos paramilitares son otra expresión de la incapacidad del Estado para responder las demandas sociales de seguridad, paz y justicia. En Michoacán y en otras entidades.

No es casual que después de un abandono secular, sea en el veinte aniversario del alzamiento del EZLN en Chiapas cuando el país sufre nuevas convulsiones. Esta vez, en el marco de reformas que lastiman a la sociedad.

gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx