Capitolio

PAN: todos perdieron

Ricardo García Cervantes y Jorge Zermeño Infante, los panistas laguneros que entregaron la banda presidencial a Vicente Fox y a Felipe Calderón, trabajan hoy para el gobierno de Enrique Peña Nieto (PRI). El primero es subprocurador de Derechos Humanos en la PGR, casi desde el inicio del sexenio. El segundo debutó de asesor de la misma dependencia en el Foro Internacional sobre Desapariciones Forzadas e Involuntarias en México, celebrado en Saltillo del 5 al 7 de junio.
Zermeño había adquirido mayor notoriedad que García Cervantes. El 1 de diciembre de 2006, logró que el presidente Felipe Calderón rindiera protesta en la ceremonia más breve de su especie. Las bancadas del PRD y otras fuerzas de izquierda casi logran boicotearla. El líder del Congreso recibió en correspondencia la embajada de México en España, cargo que desempeñó entre 2007 y 2011 exitosamente. En el ínterin se le mencionó incluso como sucesor de Gómez Mont en la Secretaría de Gobernación. Antes de ingresar a las ligas mayores, Zermeño fue el primer alcalde panista de Torreón. También ganó el primer escaño de mayoría en el Senado. Tras su regreso de Madrid, intentó que el del CEN del PAN lo designara candidato a la Cámara alta, lo que en el argot político equivale a dedazo. El grupo de Guillermo Anaya, viejo aliado del ex embajador, rechazó el método y propuso una elección interna. El proceso lo ganó Luis Fernando Salazar.
Los anayistas sostienen que el liderato de Zermeño se diluyó en los cuatro años que pasó en Madrid, “perdió contacto con los cuadros del partido”. “¿Cuándo hizo un pronunciamiento por la corrupción y la deuda por más de treinta y seis mil millones de pesos que Humberto Moreira dejó a los coahuilenses y que nadie sabe a dónde fueron a dar?”, declaró Salazar a Espacio 4.
Zermeño intentó ser de nuevo candidato a alcalde, pero Jesús de León, del grupo de Anaya, lo venció por más de quinientos votos en una elección interna. El ex embajador se desconformó. El tiempo de retirarse en la cima de su carrera política, como Greta Garbo —modelo del líder nacional del PAN, Gustavo Madero, para decir adiós— lo hizo de los escenarios, ya había pasado.
El ahora colaborador de Enrique Peña —en una posición que no corresponde a su trayectoria— volvió a protestar el padrón, esta vez sin recurrir a los tribunales, pero sí a los medios. Sembrado el ambiente de cizaña, gente de su círculo cercano y opositores de Anaya, entre los cuales figura el ex alcalde José Ángel Pérez, aprovecharon la coyuntura para boicotear la campaña del candidato panista.
De León fue presionado para ceder a Zermeño una candidatura que no había ganado. Entre otros, por el empresario Alejandro Gurza, quien colaboró con el presidente Carlos Salinas en el Programa Nueva Laguna. Luego se esparció el rumor de que el ex alcalde se postularía por otro partido. En vísperas de las elecciones, su nombre surgió como “candidato sin partido”. En mantas y volantes se pedía “vota por Zermeño”, cuyo deslinde de esa campaña fue débil y tardío.
El ex líder del Congreso se abstuvo de apoyar a De León —ajeno a su rivalidad con Anaya— y al PAN. La división y la confusión en torno a su figura contribuyeron a la derrota. Hoy, Zermeño, el gigante de otro tiempo, ocupa el cargo de menor rango en su carrera. Él también perdió. Por lo menos, estatura y acaso también respeto. Así escribió el PAN de Torreón su historia en 2013.


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