Capitolio

El PAN en su lodazal

El PAN celebra setenta y cinco años como empezó: desde la oposición. Sin embargo, el lugar del fervor e idealismo de sus fundadores (Gómez Morín, González Luna y Preciado Hernández, entre otros) y la esperanza de la sociedad en un partido humanista que plantara cara al PNR (antedecente del PRI) en los años del expansionismo cardenista, lo ocupan hoy la codicia, la hipocresía, un pragmatismo ramplón y el desencanto ciudadano por el fracaso de dos turnos suyos en la presidencia.Después de los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, el PAN le ofreció al país una aportación tan valiosa como involuntaria: confirmó que en el poder todos los partidos son iguales, solo los diferencia su rapacidad y grado de incompetencia. Lo cual explica el concepto de “bregar de eternidades” de  Gómez Morín y la reticencia de sus autores para acceder a él, advertidos por Lord Acton de que “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.Acción Nacional ha ejercido el poder a secas, no en términos absolutos como lo hizo el PRI por más de medio siglo. Por tal razón, en sus anales no figuran cronistas del cinismo como Gonzalo N. Santos, el déspota potosino cuyas “Memorias” compendian la historia del partido fundado por  Calles y su filosofía todavía vigente: “La moral es un árbol que da moras”. El PAN tardó cincuenta años para que se le reconociera su primer triunfo en un estado (Baja California, donde gobierna desde 1989), luego de sonados casos de robo en San Luis Potosí, Nuevo León y Chihuahua, donde Manuel Bartlett, entonces secretario de Gobernación, elevó a categoría de “patriótico” el fraude electoral.La democracia decepciona más en países como el nuestro, donde es relativamente joven, pues se la presenta como solución a todos los problemas cuando en realidad es solo un medio, el más eficaz, visto el fracaso de utopías como el comunismo, para resolverlos. Churchill lo planteaba así: “La democracia es el peor sistema, excepto todos los demás”. Por esa razón Hillay Clinton, aspirante a la presidencia de Estados Unidos, vino a decirnos: México será tan grande como sus ciudadanos quieran. Ese discurso la acompañó por todo el mundo como primer jefe de la diplomacia de Barack Obama.Si el PAN ha causado menos daño que el PRI es porque ha ostentado el poder por menor tiempo y a que siempre ha tenido un sector denunciante y crítico para contenerlo, no siempre con éxito como ahora sucede. La crisis en Acción Nacional es más visible y profunda, pues la ciudadanía ya no lo juzga solo como partido, sino también como gobierno: inepto. No tanto para resolver problemas ancestrales en un cuarto de hora o generar un millón de empleos anuales—lo cual no depende del gobierno, como se vio con Calderón y ahora con Peña—, pero sí algo de su estricta competencia: atacar la corrupción y la impunidad. Ese es el principal reproche del país al PAN y a sus autoridades.Partido histórico de México junto con el PRI —como en Estados Unidos son el Demócrata y el Republicano, o en el Reino Unido el Laboral y el Conservador—, Acción Nacional sobrevivirá a su crisis, como ya lo hizo en épocas anteriores. De cuánto tarde en levantarse, dependerá el tiempo que transcurra para ocupar de nuevo la presidencia. La tarea inmediataconsiste en salir del atascadero para reconquistar a un electorado frustrado por su desempeño como institución y como gobierno. 


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