Capitolio

Osama y “El Chapo”

La detención de Joaquín Guzmán —el 22 de febrero en Mazatlán— le dio al presidente Peña el timbre que necesitaba para atraer la atención mundial. Tras su escaso impacto en el Foro Económico de Davos y en la Cumbre de Líderes de América del Norte, le urgía una victoria visible y concreta para subir la moral del país y de su gobierno, pues las reformas tardarán en traducirse en beneficios para el ciudadano de a pie, si acaso llegan. El mérito por la captura del escurridizo capo no puede regatearse a los gobiernos de México y Estados Unidos, en la medida de su participación para lograrla. La colaboración y el intercambio de información sensible resultó crucial. En Colombia, permitió localizar y abatir a Pablo Escobar, jefe del cartel de Medellín, en 1993. El 9 de junio de ese mismo año, Joaquín Guzmán fue detenido en Guatemala y más tarde extraditado a nuestro país.


La persecución de “El Chapo” inició después de su fuga del penal de Puente Grande (“Puerta Grande”, lo llamó Carlos Elizondo por error, aunque acertadamente, en el programa Primer Plano del canal 22) en el segundo mes de gobierno del presidente Fox. Él no le abrió las rejas, sino el sistema carcelario corrupto que aún prevalece, mas sí quien carga con el descrédito, igual que el honor por su recaptura corresponde al gobierno actual. Así funcionan los estados democráticos: una administración emprende una tarea compleja y otra puede ser quien la culmine.


En Estados Unidos, la cacería de Osama bin Laden, por los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la declaró el presidente George W. Bush. Sin embargo, quien la finalizó fue Barack Obama, una década después, cuando fuerzas de elite abatieron al líder de la organización terrorista de Al Qaeda en la “Operación Lanza de Neptuno”, que el presidente de Estados Unidos siguió en tiempo real. Después de Bin Laden, por cuya captura el gobierno norteamericano ofrecía cincuenta millones de dólares de recompensa, Joaquín Guzmán figuraba como el segundo delincuente más buscado en las listas del FBI y la Interpol. Entonces es plausible que el operativo para su detención también se haya transmitido a Washington mientras se realizaba. La hipótesis se apoya en el hecho de que la información sobre la captura del jefe del cartel de Sinaloa se difundió primero en Estados Unidos y el procurador Eric Holder la confirmó.


Muerto Osama y preso “El Chapo” ¿terminarán el terrorismo y el narcotráfico internacionales? La respuesta es obvia. Por tratarse de fenómenos ideológicos, políticos, sociales y económicos profundos, en un mundo con injusticias y agravios seculares, los estados deben estar siempre alerta. Las cabezas que se cortan son reemplazadas por otras a veces más sanguinarias y siniestras. Por eso la importancia de no darles tregua y de buscar soluciones a sus causas.
Neutralizar a Guzmán es un paso significativo, pero deben seguirlo otros para abatir la delincuencia. Limitar la acción a un solo personaje (como sucedió con Elba Esther Gordillo y en el pasado con Joaquín Hernández, “La Quina”, para escarmiento de la clase política, más que por un deseo de justicia) no basta. El aplauso es efímero. Tras la muerte de Bin Laden, la popularidad del presidente Obama subió como espuma; hoy está reprobado. Lo mismo puede pasarle a Peña Nieto si a la detención del “El Chapo” no la acompañan buenos resultados en la economía y una batida en serio contra los corruptos.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx