Capitolio

Orgía en Vallarta

Entre las pocas figuras respetables del PAN pueden contarse dos: el chihuahuense Luis H. Álvarez y el lagunero Juan de Dios Castro Lozano (“Juan del diablo”, le llamó Miguel Ángel Barberena en una sesión de la LIII legislatura para sacarlo de sus casillas). En la pasada sucesión presidencial del CEN panista, el candidato de ambos era Ernesto Cordero. En uno de los consejos previos, Castro, iracundo, recriminó a Gustavo Madero: “Usted ha sido el peor presidente que ha tenido el PAN”.A los panistas de hoy se les reprocha tanto su incongruencia y faltas recurrentes —en política, el que no cae resbala— como su cinismo. Negocian, trafican con el poder, se enriquecen, desvían recursos públicos y además se exhiben. El PAN no solo perdió identidad, también la vergüenza. El partido que en su acto fundacional se presentaba como “Una organización permanente de todos aquellos que, sin perjuicio, resentimientos ni apetitos personales, quieren hacer valer en la vida pública su convicción en una causa clara, definida, coincidente con la naturaleza real de la Nación y conforme con la dignidad de la persona humana”, se ha convertido en un espanto.La orgía de un puñado de diputados panistas en Puerto Vallarta, en enero pasado, en el marco de la reunión para definir la agenda legislativa 2014, confirma la descomposición de un partido en el que muchos creyeron y por el cual la mayoría siente ahora una profunda decepción. Su desplome en las urnas no es casual. ¿En qué se diferencia el PAN de hoy del PRI de siempre? El ardor del neopanismo contra los descendientes de Calles no era por razones morales, sino por envidia. En países con democracias incluso más atrasadas que la nuestra, el festín del coordinador de la bancada del PAN en la Cámara baja, Luis Alberto Villarreal, hubiera provocado el cese fulminante en sus funciones y un proceso de expulsión de su partido. No por la profesión de las acompañantes del grupo de diputados ni por su elasticidad moral, sino porque representa unos valores —familiares, políticos, morales— y una institución también prostituida (el Congreso) donde los diputados y senadores cobran por votar en determinado sentido. ¿Qué los distingue de las mujeres que por contonearse y brindar otros servicios exigen paga? Acaso el fuero.Cada quien es responsable de sus actos y por ellos debe responder en los ámbitos privado y público. Sin embargo, la falta de consecuencias por acciones deshonrosas o abiertamente criminales no hace sino reproducirlos. Villarreal, cuyos deslices y contoneos son comunes en la clase política, como expresión de poder, ya había sido acusado de corrupción: cobraba comisiones onerosas a alcaldes de su partido —él lo fue de San Miguel de Allende— por gestionarles recursos federales para sus municipios. Gustavo Madero pidió pruebas para poder proceder en contra de su protegido. A los políticos se les acusa de pillos, no de imbéciles.Con el material de la bacanal difundido por “Reporte Índigo” y retomado por la prensa nacional, ¿qué hará Gustavo Madero? ¿Replicará que las fotografías fueron trucadas y que el PAN vuelve a ser objeto de una conjuración? Frente al nuevo escándalo, en Acción Nacional se multiplican las voces que no solo exigen la remoción de Luis Alberto Villarreal como coordinador parlamentario, sino incluso la renuncia de Madero, principal aliado del presidente Peña Nieto en la reforma energética. 



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