Capitolio

Ochenta bien cumplidos

La Laguna no se debe a sus políticos —la mayoría anodinos y muchos de ellos proclives a la rapiña—, sino a legiones de hombres y mujeres de todos los estratos y sectores que la forjaron con paciencia, disciplina y altura de miras hasta convertirla en una de las regiones más desarrolladas, influyentes y prósperas del país. Su decadencia obedece a una serie de factores —sociales, económicos, políticos— y a una pérdida de identidad y de valores en algunastransiciones generacionales. El éxito duradero no conoce atajos ni los sueños fronteras. La Laguna se cimentó en la solidaridad, el trabajo, el sacrificio, no en el ocio, los espejismos ni en sociedades ruinosas.La Comarca volverá a ser lo que fue, solo si sus mejores habitantes se lo proponen. No sería la primera vez que juntos superan la adversidad. Justamente, una parte de ellos acompañó el 30 de agosto a don Ramón Iriarte para celebrar sus ochenta años, rodeado de su familia. Amigos de La Laguna, Saltillo y otros estados, y aun del extranjero, festejaron su amistad de un empresario comprometido con la región y sus mejores causas, sin protagonismo ni esperar recompensas. Darle a la reunión un sesgo político es miopía y tergiversa su propósito: cantarle a la vida y mostrar la abundante cosecha de afectos de un hombre respetado que honra sus raíces. Esta vez faltaron a la comida amigos de don Ramón que también le imprimieron carácter a la Comarca y le abrieron horizontes promisorios; la muerte deja vacíos que solo se llenan con recuerdos. Uno de los ausentes inspira a su hijo a hablar con él a solas, en la paz del espíritu, para continuar charlas distendidas en las cuales al final solo se dedicaba a preguntar y a escuchar mientras reflexionaba sobre la cortedad de la existencia humana. A otro se le recuerda por su buen humor y por su fallecimiento a más de treinta y tres mil pies de altura, en un viaje de regreso a México con su familia, después de haber visitado Casablanca por su culto a la película protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, en 1942.José Guadalupe Galván, obispo de Torreón desde hace catorce años —el mismo tiempo que fray Raúl Vera tiene de haber asumido la diócesis de Saltillo—, habló de la visita Ad Limina Apostolorum del episcopado mexicano a “los umbrales de San Pedro y San Pablo”. Los obispos informaron al papa Jorge Bergoglio sobre el estado moral y espiritual de sus respectivos distritos. Francisco, aficionado al futbol, recibió del mitrado lagunero una playera del Santos con la firma de sus principales patrocinadores.Otro tema en la mesa del anfitrión fue el de la “vaca voladora” instalada en la sala de Aeroméxico de la terminal II del Aeropuerto de la Ciudad de México, solo para recordar la presencia y los alcances de La Laguna. Una celebración “donde los amigos que no se conocen es porque no se han presentado”, aclaró el festejado en un mensaje breve, emotivo y con un aforismo de Borges sobre la vida. Fue un acierto recordar al argentino, pues los políticos han dejado de citar a los escritores, acaso porque no los conocen.La ausente de la tarde fue la política. ¿Para qué amargar la fiesta? Estuvieron, sí, algunos de sus oficiantes más conspicuos. Los tiempos electorales llegarán —el siguiente plato fuerte será la sucesión de gobernador, en 2017— y entonces veremos hacia donde se inclina el voto de los empresarios de La Laguna. Fue precisamente Borges quien dijo: “Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos”. 


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