Capitolio

Mundos paralelos

El PRI y su comparsa, el Partido Verde (por fuera, podrido por dentro), iniciaron una campaña publicitaria para convencer a los mexicanos de que el golpe y los efectos de la miscelánea fiscal serán menores que sus “beneficios”. Según los senadores de ambas bancadas, la reforma hacendaria es “justa”, porque “no pagan IVA los alimentos, medicinas y colegiaturas, intereses hipotecarios, renta de vivienda, ni los espectáculos”. Lo cual se debe a la presión de la clase media, no a ellos.
Los senadores dicen que el paquetazo fiscal “tiene un profundo sentido social”, pues el gasto en el sector aumentará “gracias a una mayor recaudación”. Es una verdad a medias. El ingreso del gobierno federal subirá porque aumentarán los impuestos. La otra forma de elevar la recaudación es cobrar a quienes no pagan. Es decir, ampliar la base de contribuyentes y abrir el bolsillo de los evasores. Mas, como siempre sucede, se tomó el camino fácil: castigar a los contribuyentes cautivos.
El “sentido social” de la miscelánea lo profundizan “impuestos para desalentar el consumo de productos que generan sobrepeso y obesidad”. Además, dice la propaganda, “se establece un régimen fiscal adecuado para el campo, que se traducirá en un sector agropecuario más competitivo. Se avanza para contar con una canasta de alimentos más amplia y menos costosa. Se crea el Fondo Solidario para el Seguro de Desempleo”.
En su mundo paralelo, los senadores del PRI y del PVEM descubren algo que el común de los mortales no percibe. “El paquete”, dicen, “apoya la inversión, el crecimiento y el empleo”, pues “se elimina el IETU y el Impuesto a los Depósitos en Efectivo. Apoya a los desarrolladores turísticos, protege a las maquiladoras, evita la evasión y la competencia desleal. Se establecen impuestos a los grandes productores mineros. Se crea un esquema simple para productores agrícolas pequeños y medianos y se exenta a los pequeños productores”.
Según las bancadas siamesas, el pago de impuestos será “más simple” y el gobierno gastará “con mayor transparencia y rendición de cuentas”, cuando la tendencia es justamente contraria.“El gobierno en general será más transparente (y) se pone freno a los gastos injustificados”. Falacias. La mayor parte del presupuesto de 2014 se destinará a gasto corriente; la inversión, de nuevo, queda relegada.
Como si el sector productivo del país no hubiese advertido a tiempo sobre los efectos negativos del paquete fiscal y sus consecuencias desastrosas en el empleo y la inversión, los senadores ven, en su bola de cristal “más y mejores herramientas para promover el crecimiento y el empleo. Establece metas de crecimiento de la economía en el corto, mediano y largo plazo. Fija candados a la deuda y al gasto público, para evitar crisis económicas…”. Sin embargo, para completar el gasto, el gobierno recurrirá al endeudamiento y al déficit.
El optimismo de los legisladores es desmesurado y carece de bases, pues se funda en paralogismos. El tiempo dirá quién tiene la razón. Si 2014 cierra con mayor inversión, más empleo y crecimiento, menor inflación y una mejora sensible en el bienestar de los mexicanos, habría que pedirle disculpas a Hacienda y esperar que el Banco de Suecia proponga a varios de nuestros brillantes senadores para el nobel de Economía.



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