Capitolio

Miedo saludable

Aterrado por la docilidad con la que el periodismo de hoy se somete a los poderosos, Arturo Pérez Reverte observa: “Sin miedo, todo poder se vuelve tiranía”. Para el autor de Las aventuras del capitán Alatriste, “el periodismo, su fuerza, su honradez, hasta su épica”, se resume en la lección que hace más de cincuenta años recibió de su maestro Pepe Monerri, director de La Verdad, por el temor que le causaba entrevistar a un político: “¿Miedo?... Mira, chaval. Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el acalde a ti”.Orador en la entrega de los premios Ortega y Gasset, el 22 de mayo en Madrid, el periodista cartagenero advierte que “el único freno que conocen el político, el financiero o el notable, cuando llegan a situaciones extremas de poder, es el miedo. En un mundo como este, donde las ingenuidades y las simplezas de mecherito en alto y de buen rollo a menudo son barajadas por los canallas, como instrumento, y creídas por los tontos útiles que ofician de ganado lanar y carne de cañón, ese es el único freno real. El miedo. Miedo del poderoso a perder la influencia, el privilegio. Miedo a perder la impunidad. A verse enfrentado públicamente a sus contradicciones, a sus manejos, a sus ambiciones, a sus incumplimientos, a sus mentiras, a sus delitos”.El ex corresponsal de Radio Televisión Española (RTVE), a la cual renunció por discrepancias y falsos cargos de los directivos Jordi García y Ramón Colom, sostiene que “el único medio que el mundo actual posee para mantener a los poderosos a raya, para conservarlos en los márgenes de ese saludable miedo, es una prensa libre, lúcida, culta, eficaz, independiente. Sin ese contrapoder, la libertad, la democracia, la decencia, son imposibles”.Sin embargo, el contexto actual es contrario a esos valores. Pérez Reverte lo denuncia: “Nunca en esta democracia, como en los últimos años, se ha visto un maltrato semejante en España del periodismo por parte del poder. Aquel objetivo elemental, que era obligar al lector a reflexionar sobre el mundo en el que vivía, proporcionándole datos objetivos con los que conocer este, y análisis complementarios para desarrollar ese conocimiento, casi ha desaparecido”. El diagnóstico sobre la situación de los medios es el mismo al otro lado del Atlántico. Frente a periodistas y editores de varios países, el autor de Territorio comanche lanzó la alerta: “Parecen volver los viejos fantasmas, las sombras siniestras que en los regímenes totalitarios planeaban, y aún lo hacen, sobre las redacciones. Lo peligroso, lo terrible, es que no se trata esta vez de camisas negras, azules, rojas o pardas, fácilmente identificables. La sombra es más peligrosa, pues viene ahora disfrazada de retórica puesta al día, de talante tolerable, de imperativo técnico, de sonrisa democrática.“Pero el hecho es el mismo: el poder y cuantos aspiran a conservarlo u obtenerlo un día no están dispuestos a pagar el precio de la prensa libre, y cada vez se niegan a ello con más descaro. Basta ver las ruedas de prensa sin preguntas, el miedo a comparecencias públicas, los debates electorales donde son los políticos y sus equipos, no los periodistas desde la libertad, quienes establecen el formato. (…)Y la sumisión de los periodistas, y de los jefes de esos periódicos, que aceptan ese estado de cosas sin rebelarse, sin protestar, sin plantarse colectivamente, con gallardía profesional, frente a la impune soberbia de una casta a la que, en vez de dar miedo, dan, a menudo, impunidad, garantías y confort”. 


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx