Capitolio

Mentalidad ratonera

La celebración por el triunfo de la selección de fútbol (no de México, pues el futuro del país no se decide en una cancha ni en los pies de once “ratones verdes”, Manuel Seyde “dixit”) frente a la de Panamá, el 11 de octubre, fue un himno a la mediocridad y el anticipo de la derrota frente a la selección de Costa Rica, cuatro días más tarde. El equipo de Víctor Manuel Vucetich jugó fatal y merece ser eliminado del mundial de Brasil. La clasificación interesa solo al duopolio televisivo, no por amor al deporte, sino por los novecientos millones de dólares en juego.

Las televisoras han hecho del fútbol basura y la venden como artículo de lujo. Lo mismo sucede con los culebrones. Mas no satisfechas con el daño que ya causan a millones, importan a presentadoras como Laura Bozzo —criminal en el Perú, estrella en México—, para pervertir aún más las pantallas y enajenar las mentes de legiones. Agravia que el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, desvíe recursos públicos para satisfacer egos y megalomanías personalescomo lo hizo con Bozzopor las inundaciones causadas en Guerrero por “Manuel”.

La mezquindad del negocio futbolero, donde también existen cotas elevadas de corrupción, defrauda y lastima el sentimiento de millones de aficionados. Ellos creen, ilusamente, que el fútbol es un deporte noble, forjador de “héroes”, cuando lo primero que falta a la mayoría de los jugadores es honor, celo y vergüenza. Mientras ganen fortunas y no les toquen el bolsillo, las cosas seguirán como hasta ahora. Sin embargo, la culpa no es solo de la televisión comercial, de sus comentaristas funambulescos y de los ratones verdes, sino del público que no deja de acudir a los estadios y de encender las pantallas. El fútbol empezará a mejorar cuando la afición exija por lo que paga.

Las sociedades necesitan héroes y villanos para orientarse y ser mejores. Antes los hallaban en la historia, la literatura, la religión y en las gestas que cambiaron elmundo. Pero como las escuelas dejaron de enseñar, y materias vitales como el civismo y la ética fueron suprimidas de los programas de estudio, en preparación para un país donde hoy priman los intereses personales y de grupo, no los generales; el egoísmo, no la solidaridad; la autocomplacencia, no la crítica; el desprecio por las leyes, no el estado de derecho, entonces empezaron a buscarlos en el deporte, los espectáculos y, en el peor de los casos, en políticos venales y en capos de la mafia.

Las televisoras repiten “ad nauseam” partidos y debates sobre fútbol. Están en su derecho, pues existe libertad y gustos para todo, pero incluso ni las mentiras sobre la selección, repetidas mil veces, se convierten en verdades. El balompié es un bodrio. Lo grave es que el estado no actúa para que las cadenas nacionales, en su calidad de concesionaras, equilibren sus programas y enriquezcan sus contenidos. Se acabaron las series históricas y culturales, porque “no venden” como la chatarra. Los espacios de análisis y reflexión de Octavio Paz fueron suplantados por competencias de vulgaridades y mal gusto, frente a los cuales programas como “Siempre en domingo” parecen joyas de arte. Las estrellas de hoy son tan duraderas como una pompa de jabón.

Jacobo Zabludovsky, cuya figura se agiganta frente a la vacuidad y el esnobismo de muchos colegas, resumió hace varios años la situación actual en una entrevista para la revista “Día Siete”: En el pasado, los monólogos estaban a cargo de Octavio Paz; hoy los hace Adal Ramones.

gerardo.espacio4@gmail.com