Capitolio

Medir para mejorar

El primer informe de gobierno que cubrí como reportero fue el cuarto de Eulalio Gutiérrez Treviño, en 1973. Saltillo era entonces una ciudad pequeña, el frío de noviembre inclemente y la niebla, como ahora, misteriosa. Dos años después asistí a la toma de posesión de Óscar Flores Tapia, en el recinto donde hoy funciona el Museo de las Aves, cuyo invitado principal fue el presidente Luis Echeverría. El exsenador y exlíder de la CNOP recibió una deuda por 524 millones de pesos, no por créditos adquiridos ilegalmente, sino por impuestos que la Tesorería del Estado dejó de enterar a la Secretaría Hacienda.Gutiérrez supo de la deuda en su último informe, por el entonces secretario de Hacienda, Mario Ramón Beteta. Treinta y seis años después, otro titular del ramo, Ernesto Cordero, en una gira por La Laguna desveló ante la prensa los pasivos acumulados en el sexenio de Humberto Moreira, ochenta veces superiores a los del periodo 1969-1975. Las diferencias son notables, pero la mayor reside en la forma inescrupulosa como se hipotecó al estado en el gobierno anterior.El tema de la deuda, en el primer caso, duró poco. El estado pagó, quizá con algunas concesiones del gobierno federal, y Flores Tapia se dedicó a gobernar; un año con Echeverría, su amigo, y cinco con López Portillo, quien no era su candidato en la sucesión de 1975, sino Moya Palencia. El escándalo de la segunda deuda (la de Humberto Moreira) no se ha apagado ni se extinguirá hasta no aclarar el destino de cuarenta mil millones de pesos y enjuiciar a sus principales responsables. El futuro fiscal anticorrupción tendrá influencia panista e irá contra el exgobernador; el presidente Peña Nieto lo sabe.La deuda tampoco ha detenido al gobernador Rubén Moreira, como pasó con Flores Tapia, pero en su caso ha consumido tiempo, enormes cantidades de recursos y capital político. Lo más cuestionable del voluminoso pasivo es la contratación de créditos con decretos y documentos falsos en el sexenio anterior, de espaldas a un Congreso de mayoría priista. En su réplica a los diputados del PAN sobre el tema—en el marco del tercer informe—, Moreira apuntó hacia la Secretaría de Hacienda panista por omisa. Los bancos prestan, ese es su negocio, y con Coahuila ya han ganado demasiado. La reestructura debe servir para imponerles algún tipo de castigo. ¿Por qué solo sacrificar a los ciudadanos?En tres años de gobierno de Rubén Moreira, las condiciones del estado son distintas. Sin ser Suiza o la versión moderna de El Dorado, la violencia de hoy no es la misma de 2011 y 2012, hay menor desempleo y, algo también importante, existe orden y claridad en la administración. Crítica ciudadana y oposición política siempre habrá, lo cual es requisito democrático y saludable para la entidad. Más ahora, por las circunstancias del país.Rubén Moreira resumió en nueve palabrastres años de trabajo arduo, con la intención de acreditarlo: “Lo que no se mide no se puede mejorar”. Un gobiernosolo puede compararse con el precedente, pues el futuro aún no existe. Desde esa perspectiva, Humberto Moreira ha sido reprobado, pues no solo endeudó a Coahuila, también lo introdujo en una de las zonas más turbias y vergonzosas de su historia. Si elactual gobernador logra sacarlo por completo de ese espacio, habrá triunfado. Por lo pronto, el estado ya no figura en el mapa de riesgos de Los Pinos, lo cual, en las condiciones actuales, es meritorio.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx