Capitolio

Mariposas en la cabeza

Las lunas de miel de los gobiernos y los ciudadanos —donde todavía las hay— son cada vez más cortas por falta de resultados. Máxime cuando un presidente como Enrique Peña llegó al poder impugnado por la presunta triangulación de fondos para su campaña, el apoyo desmesurado de las televisoras y apenas el treinta y ocho por ciento de los votos. Peña no es, como lo fue su paisano Adolfo López Mateos, un presidente querido. Las redes sociales reflejan el sentimiento sobre el inquilino de Los Pinos; los jóvenes son particularmente mordaces, despiadados.
El desencanto ciudadano no es privativo de nuestro país. François Hollande lo padece en Francia; Rajoy y Rousseff lo sufrieron en España y en Brasil. Barack Obama tuvo días felices en su primer mandato. Su origen afroamericano y su agenda económica y social generaron expectativas enormes, pero incumplidas, lo cual explica sus canas y su desplome en las encuestas. En México, Peña empezó con el pie izquierdo desde su campaña. Los traspiés en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y en la Universidad Iberoamericana son marcas indelebles. Las reformas eran necesarias, pero la fiscal —única de efectos inmediatos— ha resultado negativa para la mayoría y la energética despierta sospechas. La combinación de menos empleos y más inflación vuelve nefasto a cualquier gobierno. La posibilidad de que el presidente intervenga de nuevo en la economía y fije precios, como lo contempla la iniciativa de ley de Competencia Económica, arroja más leña a la hoguera y revive los fantasmas populistas de Echeverría y López Portillo.
Sobre la Cumbre de Líderes de América del Norte, celebrada el miércoles pasado en Toluca —solo por ser la capital del Estado de México—, el balance de la prensa internacional, que tanto inquieta al gobierno federal, es negativo. Las reacciones, demoledoras, contrastan con el boato. The Washington Post señala que el presidente Obama dedicó más tiempo a jugar golf la semana pasada, en California, que al encuentro toluqueño cuya duración total fue de ocho horas. The New York Times califica la Cumbre de espectáculo amistoso “con pocos resultados en migración y comercio”. Hubo acuerdos para “proteger a la mariposa monarca” mas no para resolver cuestiones capitales; y sobre el debate del oleoducto Keystone XL —para conducir petróleo de Canadá a refinerías de varios estados de la Unión Americana y al Golfo de México—, nada.
El diario que destapó el escándalo de Watergate y provocó la renuncia de Richard Nixon, en 1974, dice que la mente de Obama estaba en cualquier parte (Siria, Ucrania, Venezuela y en los conflictos de su propio país) menos en México. The Wall Street Journal atribuye la falta de resultados a la debilidad interna del presidente Obama. A Peña tampoco le fue bien: “apenas dijo nada sobre la última ola de violencia relacionada con la droga que afecta a su país, en parte por el deseo de mover la agenda con su vecinos del norte de la seguridad a la economía” (The New York Times). El primer ministro de Canadá, Stephen Harper, salió mejor librado. Bueno, ¿y las reformas que el gobierno presume a bombo y platillo cual fuente de riqueza, inversión, empleo y bienestar? Existe un problema: como en el futbol, los goles no pueden cantarse antes de cruzar la meta. Y aún así, hay que ver si el árbitro (en este caso el Congreso) no los anula (con leyes secundarias fuera de lugar). A Peña, por lo visto, ni lo que puede ser bueno le sale bien.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx