Capitolio

Madurez política

Más de dos años de lidiar con una deuda superior a los treinta y seis mil millones de pesos y la mayor escalada de violencia en la historia de Coahuila han puesto a prueba la resistencia física, el control y los alcances del gobernador. Con ese bagaje, Rubén Moreira compartió desde Torreón con los nuevos alcaldes, el 1 de enero, que “gobernar es resolver problemas, generar oportunidades de desarrollo, prever y evitar futuras dificultades colectivas y generar un clima de paz y armonía”.

Advirtió de nuevos nubarrones “en el horizonte de las administraciones estatal y municipales —excepto la de Saltillo— que tenemos que enfrentar: la crisis del sistema pensionario. Hasta ahora, nadie lo ha hecho con decisión, seriedad y profundidad. Asusta lo impopular que puede resultar afrontarlo. Los esfuerzos que se han dado resultaron solo un paliativo”, admitió.

Dijo que “si en los próximos años no hacemos algo, las finanzas de todos van a quebrar y cientos de miles de trabajadores quedarán en el desamparo”. Entonces se comprometió a “enfrentar el reto, como en los otros temas cruciales de Coahuila”, y exhortó a los ayuntamientos a “ventilar la problemática y a tomar las medidas necesarias. Los invito a resolver el problema. Eso es gobernar”.

Moreira reconoció que la seguridad es todavía el principal reclamo de los coahuilenses y la primera ocupación de su gobierno. Por lo tanto, pidió a los cabildos “asumir su responsabilidad constitucional y juntos traigamos de nuevo la paz a nuestras calles. Mucho se ha hecho, quedaron atrás los tiempos en los cuales la delincuencia tenía el control de las ciudades y el campo. Mucho nos ha costado a todos”.

Sobre el aprendizaje de los años más aciagos (2012-2013), cuando el crimen organizado sembró terror y muerte en el estado, precisó: “Con la delincuencia no se puede ser permisivo. Este mal llegó y se anidó por múltiples factores: autoridades complacientes o incompetentes, pérdida de valores y tradiciones, arribo de prácticas nocivas como el juego y el vicio. Y aceptémoslo: segmentos de la población vieron cómodo y práctico servirse de algunos de los beneficios de la delincuencia”.

Por su ubicación geográfica o por la falta de crecimiento, cohesión y control político, e incluso por la combinación de esos factores, La Laguna se convirtió en la región más castigada por la delincuencia organizada, que lo mismo comercia con drogas ilícitas que secuestra y extorsiona.

Moreira planteó esta paradoja: Coahuila es un estado fuerte económicamente, pero “seguimos teniendo una gran desigualdad. Hay comunidades de muy alta marginación. En las principales ciudades tenemos polígonos de pobreza, discriminamos al que menos tiene y somos injustos con el migrante. No ha sido cuestión de disposición de recursos, el punto es cómo alinear los esfuerzos de los órdenes de gobierno para terminar con la injusticia”.

Luego vino otra crítica, con acento en La Laguna, que reclama el trato desigual de los últimos gobiernos y su preferencia por Saltillo: “los empleos llegan donde el empresario recupera su inversión y obtiene ganancia. (…) Lo que nos corresponde a todos, y especialmente al gobierno, es generar estas condiciones de competitividad”, las cuales “no se generan espontáneamente o lamentándonos o tratando de culpar a otras regiones del estado y del país”. El discurso de Moreira en Torreón es el de un gobernador que ha madurado. Su predecesor jamás lo hizo.

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