Capitolio

Ley Campoamor

Jericó Abramo reapareció como candidato del PRI a diputado federal por el distrito 7, y Eduardo Olmos convertido en representante del gobierno del estado en la Ciudad de México. ¿Por qué premio para uno, todavía sujeto al veredicto de las urnas, y exilio para otro? La respuesta la brinda su desempeño como alcaldes. Abramo situó a Saltillo entre las cinco mejores capitales del país para vivir; con Olmos, Torreón se convirtió en una de las ciudades más peligrosas.Abramo entregó una administración casi sin deuda y servicios eficientes; el Grupo de Reacción Operativa (GROMS) es referencia nacional de lo que puede lograrse en materia de seguridad cuando existe voluntad y no se gobierna para las galerías. Olmos fue un alcalde ausente, endeudó al municipio, dejó al Simas en ruina y encubrió a funcionarios sin escrúpulos, algunos todavía en las nóminas.Mas lo que a primera vista parece un acto de justicia, quizá no lo sea tanto. La candidatura de Abramo puede devenir en manzana envenenada; y el exilio de Olmos, en sombra protectora. Me explico: de los distritos electorales de Saltillo, el 7 es el más difícil; y el 4, donde el PRI postuló a Armando Luna, el menos riesgoso.Si Abramo recupera la diputación, ahora en poder del PAN, el PRI lo tomará en cuenta para futuros procesos; si no, el descalabro —deseado por algunos dentro de su propio partido— lo alejará de la sucesión. ¿Dónde residen las fortalezas de Abramo? En haber ganado las elecciones de 2009 con ciento sesenta mil votos y en su labor como alcalde. ¿Qué explica entonces la caída de setenta mil votos en 2013? Dos cosas: 1) Fernando de las Fuentes era un mal candidato y cargaba con el estigma de haber legalizado la deuda del gobierno de Humberto Moreira, como líder del Congreso; y 2) quiso ser gobernador antes de ganar la Presidencia de Saltillo.Gente de La Laguna y otras partes del estado me dice que el ex alcalde de Torreón debe ser investigado por la deuda y otras irregularidades; estoy de acuerdo. En ese sentido, representar al gobierno en la Ciudad de México, en vez de castigo, es un premio. Olmos está protegido; en la capital tendrá escaso margen de maniobra, pero tampoco será tocado. 


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