Capitolio

Levantar cabeza

La respuesta del presidente Enrique Peña al conflicto michoacano, mediante un comisionado y un gabinete alterno que suplantan a los poderes locales, supone la paradoja de que para merecer atención y recursos federales extraordinarios es preciso dejar que el delito, la violencia y la ingobernabilidad se apoderen de una parte del país. Estados con avances en seguridad y justicia no reciben de la Presidencia el trato que Michoacán. Políticas así desincentivan a los gobiernos responsables —los hay, a pesar de todo— e inducen el caos.


El problema en Michoacán es político y de corrupción. Por tanto el primer paso para afrontarlo debió ser la desaparición de poderes y no la superposición de autoridades. La bolsa por cuarenta y cinco mil millones de pesos para obras y programasfederales fue un golpe de efecto. La concurrencia del presidente Peña y de su gabinete en uno de los estados fallidos no resolverá por sí sola una crisis cuyas raíces son demasiado profundas.


Con el agua al cuello, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, pide ahora no politizar el conflicto en el antiguo Señorío Purépecha, pero ¿no fue su partido el primero en usarlo como bandera electoral en el gobierno de Felipe Calderón? La crisis michoacana debió dirimirse en el Congreso federal —el local, como el gobierno de Fausto Vallejo, está rebasado— y no en Los Pinos. Solo que al presidente le urgía enviar al mundo un mensaje de autoridad después de su infructuosa participación en el Foro Económico de Davos.


El gobierno es más reactivo a la crítica externa, de donde provienen los capitales, que a la del país, donde están problemas. El reforzamiento de la estrategia federal en Michoacán surge precisamente de Davos, no del estado. El presidente viajó a Suiza a presumir sus reformas —en particular la energética—, no a ser cuestionado sobre temas de seguridad, violencia, autodefensas, ni a que el presidente de Irán, Hasán Rouhaní, le comiera el mandado con reformas más avanzadas y un plan concreto en materia petrolera.


En una de sus giras por Europa, Ernesto Zedillo escuchó deinversores españoles la queja de que para hacer negocios en México tenían un problema:la corrupción(ala cual ahora se añadenla inseguridad y la incertidumbre fiscal). A su regreso, el presidente hizo una limpia de funcionarios para demostrar su voluntad de combatir a los venales y de mejorar la imagen del país en el mundo. Sin embargo, la corrupción es una hidra: se le corta una cabeza y renacen siete o más.


Falta esclarecer si los caudales para mitigar algunos rezagos seculares en Michoacán, anunciadosa bombo y platilloel 4 de febrero, son adicionales o forman parte de los que el gobierno federalya teníaproyectados para éste y los próximos años. El Programa de Inversiones en Infraestructura de Transportes y Comunicaciones 2013-2018, por ejemplo, incluye obras del plan “Juntos lo vamos a lograr”. Si al final resulta que la inyección de recursos fue mínima, los avances serán igualmente marginales.


Michoacán es hoy la prioridad del gobierno federal, pero entre los estados que también reclaman atención existen dos grupos: 1) los gobernados por ineptos y rapaces; y 2) los dispuestos a cerrarle el paso al crimen y presentan resultados. Si el presidente se desentiende de ellos, su administración no dejará de estar en los medios de comunicación internacionales y el país seguirá sin levantar cabeza.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx