Capitolio

Lágrimas de cocodrilo

A diferencia de su hermano Humberto, Rubén Moreira disfruta de una exgubernatura dorada.

Hasta hoy nada ni nadie le molesta, lo cual es distinto a que nadie lo recuerde.

Por ejemplo, los miles de trabajadores de la educación (en activo y jubilados) afectados por la autoritaria reforma al sistema de pensiones.

El efímero éxito de Humberto Moreira devino en pesadilla. Su defenestración como presidente del PRI, por el escándalo de la deuda eterna de 36 mil millones de pesos, representó el anticipo de mayores males. El poder cobra según su uso, su abuso o su desuso.

Rubén Moreira terminó su sexenio y como premio por haber retenido el poder sin importar los medios, el presidente Peña Nieto lo convirtió en secretario de Acción Electoral del PRI. Hace unos días lo ascendió a la Secretaría de Organización y quizá mañana sea el relevo del anodino líder de ese partido Enrique Ochoa.

Con aliados así, José Antonio Meade no necesita que López Obrador y Ricardo Anaya cometan errores. El mensaje es obvio: el grupo Atlacomulco espera una elección presidencial tipo Coahuila y Estado de México. Un final controvertido y una resolución favorable en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación adicto al PRI-gobierno. El cálculo es suicida, pues el país no soportaría otro fraude tipo 1988 o 2006.

Moreira fue recompensado como si hubiera sido buen gobernador o hubiese arrasado en las elecciones. Miguel Riquelme cargó con los pasivos y la marca del moreirato —en particular de Rubén— y por eso estuvo a punto de ser derrotado.

Entre 2011 y 2017, el PRI perdió casi un cuarto de millón de votos. Con el presupuesto, el Congreso, el Instituto Electoral de Coahuila y el Tribunal Estatal Electoral a su servicio, ¿dónde está el mérito? El costo fue demasiado elevado y la victoria pírrica. ¿Qué explica el premio? Quizá otro tipo de servicios.

Mientras tanto, el secretario de Turismo Enrique de la Madrid se da golpes de pecho: “en el PRI ha habido gobernadores que (...) son verdaderamente un motivo de vergüenza, no solamente para los priistas sino para los mexicanos”. Unos están en prisión y otros en la campaña de Meade como si tal cosa.


gerardo.espacio4@gmail.com