Capitolio

Informes: forma y fondo

La asistencia de Rubén Moreira al informe del alcalde de Torreón, Miguel Riquelme, acompañado por alcaldes, diputados y miembros de su gabinete, como no ocurrió en ninguna otra ceremonia análoga —en Saltillo mandó a un representante—, posee una fuerte carga simbólica. Más allá de si Riquelme es en realidad la cartadel gobernador para la sucesión de 2017, lejana en el calendario mas no en términos políticos, el mensaje en el teatro Nazas no admite dudas sobre dónde están los afectos del mandatario local.


En 2011, Saltillo, bajo el gobierno de Jericó Abramo, aportó casi el treinta por ciento de la votación captada por el PRI para Rubén Moreira, y Torreón, con Eduardo Olmos en la alcaldía y Riquelme en la operación política, poco más del veinte por ciento. En las elecciones municipales de 2013, el PRI perdió más de cien mil votos en Saltillo y alrededor de cuarenta y cinco mil en Torreón, respecto a las de gobernador. Significa que el principal caudal de votos para el PRI se localiza en la capital y no en la metrópoli lagunera.


Desde esa perspectiva, decantarse por Torreón ofrece mayores riesgos electorales para el PRI en los procesos de 2015 (para diputados federales) y de 2017 (para gobernador y alcaldes). Primero, por la persistente oposición de grupos sociales, políticos y económicos de La Laguna al ayuntamiento y al estado; segundo, por el sentimiento de abandono del gobernador hacia Saltillo o, por lo menos, de distanciamiento entre él y el alcalde Isidro López. Los desaires a una autoridad, con independencia de su origen partidista, no lo son para un grupo o unas siglas, sino para la ciudad que representa.


¿Qué explica entonces la preferencia por Torreón? Rubén Moreira se ha declarado “gobernador lagunero” para tratar de llenar un vacío regional, convertido en reclamo y en movimiento separatista. La Comarca no ve a uno de los suyos en el despacho principal del Palacio de Gobierno desde hace más de medio siglo. La Laguna es también la zona de Coahuila que más ha llamado la atención de la administración federal. Primero, por su peso político y económico; después, por su conversión en territorio de carteles y la violencia inherente. Reducir los índices de homicidios no supone un avance irreversible, advirtió Moreira en el informe.


La capital del estado subió a una ola de progreso desde los ochenta y La Laguna cayó en un bache una década después. No es lo mismo atender problemas derivados del desarrollo, como sucede en Saltillo, que hacer juegos malabares en Torreón para transformarla incipiente reactivación económica en crecimiento sostenido. Una de las metas esbozadas por el gobernador y el alcalde para 2015 consiste en convertir las inversiones en cultivo de riego y no de temporal, pues a veces la sequía es demasiado prolongada.


Riquelme dio su informe en un auditorio lleno, comoIsidro López en Saltillo. Las diferencias fueron de forma y de fondo.La ceremonia de Torreón, dondeel único “empresario” citado por su nombre fue el presidente del club Santos, resultó política, multitudinaria; de tono futurista, sirvió para ratificar la alianza entre el alcalde y el gobernador. La de Saltillo, de carácter ciudadano, se centró en el presente y evidenció una relación distante entre el municipio y el estado. Riquelmese vio tenso, acaso por las encuestas previas. López lució nervioso, pero pasó el Rubicón.


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