Capitolio

IPN: la otra agenda

El gobierno no le teme a los empresarios, a las oposiciones, a la sociedad civil, y ya se ha visto, ni a los medios de comunicación críticos, pero sí a los estudiantes, sobre todo cuando toman las calles.El miedo hizo reaccionar a las autoridades educativas porlas manifestaciones de alumnos del Instituto Politécnico Nacional contra el reglamento interno y los planes de estudio de los Centros de Estudios Científicos y Tecnológicos. El problema no se resolvió, se pospuso para negociar el primero de los puntos. Con la reforma fiscal y energética no ocurrió lo mismo, a pesar de la inconformidad del sector productivo por la primera y el rechazo de agentes políticos y sociales a la segunda.Fundado en 1936 por el presidente Lázaro Cárdenas, el IPN fue precursor de la expropiación petrolera —decretada dos años más tarde— y por tanto estuvo impregnado de la ideas nacionalistas y revolucionarias de la época. El lema del Politécnico expresa un compromiso y un anhelo de justicia hoy renovado: “La técnica al servicio de la Patria”. La directora Yoloxóchitl Bustamante y los estudiantes plantean propósitos asequibles: insertar a la institución en un mundo tecnológica y científicamente avanzado, y preservar su “proyecto fundacional”.La clasificación de universidades 2014 de América Economía coloca al IPN como la segunda institución más importante del país (6.2%) “por la calidad de su plantel” y por matrícula, solo por debajo de la UNAM (12.3%), y por vez primera por encima del Tecnológico de Monterrey (4.6%). Significa que en el Poli se hacen bien las cosas y aún pueden mejorar, no obstante las limitaciones presupuestarias. México figura entre los países de la OCDE que menos invierte en ciencia y la tecnología respecto al tamaño de su PIB.Las protestas del IPN ocurren en un marco de reformas privatizadoras y antisociales y en vísperas del 46 aniversario del movimiento estudiantil reprimido en la Plaza de las Tres Culturas, cuyo número de muertos y desaparecidos permanece oculto. Las demandas de los alumnos del IPN trascienden el ámbito universitario, pueslo son también contra el autoritarismo, la falta de democracia y la imposición de un modelo económico benéfico solo para las cúpulas.Bustamante niega que las reformas en el IPN, cuya población ronda los ciento ochenta mil alumnos y los dieciocho mil profesores, tengan por objeto asegurar mano de obra barata a las corporaciones del país y a las transnacionales. Sin embargo,esa parece ser una de las ofertas más atractivas para la inversión extranjera. El problema con las reformas energética y educativa es que contradicen una ideología de más de setenta años, cuyos principios eran el petróleo como base de la soberanía nacional y la educación gratuita. En la práctica, el recurso no era de los mexicanos, sino de los gobiernos de turno y de un sindicato voraz; y la educación, onerosa por ser botín del SNTE y de autoridades corruptas.Las protestas no pueden sustraerse del contexto nacional, pues de muchas maneras lo reflejan. En 1968, los estudiantiles afrontaron a un gobierno intolerante, pero las condiciones del país eran distintas: había menos pobreza, mayor crecimiento, menos delincuencia, mayores oportunidades. El temor del gobierno es que el movimiento del IPN incorpore en su agenda temas económicos, políticosy sociales, y que la ciudadanía también salga a las calles. 


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