Capitolio

Gritos y silencios

Excepto algunos partidos de Grandes Ligas y eventualmente uno de futbol, rara vez veo televisión. Una de las razones es la que Woody Allen utiliza para explicar la limpieza en uno de los estados que perdimos con el Tratado de Guadalupe Hidalgo: “En California no tiran la basura: la convierten en programas de televisión”. Hace unos meses ocurrieron balaceras en varias regiones del país. Para confirmar cierta teoría, encendí el televisor y, en efecto, el noticiario estelar de Televisa dedicaba amplia cobertura al tema… de las ballenas.En cambio, Foro TV ofrece programas de crítica y análisis recomendables como “Es la hora de opinar”, conducido por Leo Zuckermann y Javier Tello. El trabajo de los canales Once del IPN y 22 de Conaculta, por una televisión de calidad, es plausible. En Estados Unidos—como en México— no toda la basura se descarga en las pantallas. Su televisión pública (PBS) produce buenos materiales y exiten opciones intersantes en los sistemas de paga: History Channel y Discovery Channel, entre otras. Además, claro, de programas de noticias y debate en las cadenas ABC, CBS, FOX y NBC.La vida me enseñó de niño que Dios ayuda al que madruga, y para ganarle al canto del gallo, raras veces me desvelo. Antes de dormir leo un libro y otras veces la Biblia. La noche del 15 nos reunimos en familia para celebrar el Grito y ver la ceremonia del Zócalo por televisión. Pésimo. Los conductores del “Canal de las Estrellas”, preparados más para hablar de una kermés que de la gesta de independencia. En una de las pocas referencias históricas, la presentadora habló que a “La Corregidora” la habían “cachado” (en la conspiración).Tampoco pudieron ser peor los enlaces con algunas ciudades y capitales de México y el mundo. La chica de Matamoros, dijo que saludaba al país desde la tierra de… ¡Rigo Tovar! Muy respetable señor —era cantante, creo— pero la ciudad debe su nombre justamente a Mariano Matamoros, uno de los héroes de la Independencia, quien se integró al ejército de José María Morelos en vísperas de la Batalla de Izúcar. En otra etapa de la historia, el matamorense Manuel González ocupó la silla del águila por voluntad de don Porfirio, a quien le entregó el poder en la siguiente elección.La ceremonia del Grito resultó desangelada y las imágenes de televisión eran abiertas o demasiado cerradas acaso para demostrar que la multitud reunida en el Zócalo, mayoritariamente mexinquense, era de carne y hueso. Los gritos de “¡Peña!... ¡Peña!... ¡Peña!” sonaron tan convincentes como la promesa de que la solución a los problemas del país son las reformas. En fin, una celebración, la fiesta nacional por antonomasia, convertida en espectáculo de unas cuantas horas.Sin embargo, ni los animadores del show en la Plaza de la Constitución, ni los cantantes, ni las luces ni los fuegos artificiales cambiaron la realidad. Antes de pasar al Zócalo, la Policía Federal revisó a niños como si fueran sospechosos, exceso consignado de inmediato en las redes sociales. La noticia de la noche fue que no llovió, pero sí en la Cámara de Diputados.El colectivo Anonymous se infiltró en la página web del Congreso para colocarel video de su propio grito, el cual incluye a los gobernadores que endeudaron a sus estados sin recibir castigo. 


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