Capitolio

El Gran Hermano

Enrique Peña anunció el 18 de febrero de 2013 que a partir de esa fecha tendría “representantes permanentes” en los treinta y un estados y el Distrito Federal. El “mecanismo de presencia”, según lo definió, pretende una “mayor interlocución” con las autoridades locales. Con tal propósito, dividió el país en doce regiones. Para acotar también el poder de los gobernadores, la administración federal centralizó el pago de la nómina magisterial y las compras del sector salud.


En el marco de la reunión plenaria de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), de la que en otro tiempo formó parte como representante del Estado de México, Peña sorprendió a los mandatarios reunidos en Chihuahua: “He definido un mecanismo de coordinación o de presencia, a través de los titulares de las distintas dependencias (…), para que sean responsables de asegurarse que las políticas del gobierno de la República y los acuerdos tomados con ustedes (…) realmente se estén llevando a cabo”.


El presidente vigila a los gobernadores a través de sus secretarios. Aurelio Nuño, el omnipresente jefe de la Oficina de la Presidencia, tiene a su cargo las entidades más pobladas: el Estado de México y el Distrito Federal. Peña dirigió un mecanismo similar desde Toluca cuando fue gobernador.

El ex presidente Miguel de la Madrid me contó en una plática informal, convocada por el ex gobernador Eliseo Mendoza, que además de Gobernación, el Ejército, la PGR y la Dirección Federal de Seguridad, contaba con canales de información extraoficiales —empresarios, amigos y periodistas— que le permitían tomar algunas decisiones. Peña, para no andar con rodeos, nombró a sus secretarios. ¿Qué observaron en los estados para que la imagen del presidente, en lugar de crecer, disminuyera? Acaso que las administraciones locales presentan como propias las obras y programas del gobierno federal. Porque, de pronto, los gobernadores empezaron a destacar la “presencia” de la Federación en sus estados.

En ese contexto, Alfonso Navarrete, secretario del Trabajo y representante de Peña en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, se apareció en Saltillo el 29 de noviembre —mientras el gobernador Rubén Moreira realizaba una gira promocional por Chile y Uruguay—, para entregar mantas en colonias populares que la Secretaría de Gobernación declaró en situación de emergencia por el frío. Según una nota de El Heraldo de Saltillo (30.1.14), el embajador presidencial fue acompañado por la esposa del gobernador, Carolina Viggiano, presidenta del consejo consultivo del DIF y directora del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), así como por el alcalde Isidro López Villarreal (PAN).

Navarrete detalló los apoyos que la Federación distribuyó en la capital del estado y en otros dieciocho municipios, incluidos Acuña y Monclova, gobernados por Acción Nacional: siete mil 480 despensas y casi sesenta mil mantas y cobertores entre treinta mil personas. El mensaje es claro: los gobernadores son observados por El Gran Hermano, no solo para que atiendan sus responsabilidades, cosa que sus predecesores no hicieron en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, sino también para que no le transfieran problemas ni ostenten como propias inversiones y programas federales. Fausto Vallejo falló en Michoacán y ahora comparte el poder con el comisionado del presidente Peña, aunque Alfredo Castillo es quien gobierna realmente.


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