Capitolio

Gobiernos imperiales

Concluido el ciclo del sistema y de las presidencias imperiales, en el gobierno de Carlos Salinas, Enrique Krauze apunta dos problemas cuyos efectos perturban al país: 1) la operación de poderes fácticos (legales e ilegales) al margen de las instituciones, los cuales “deben acotarse con urgencia”; y 2) una corriente monárquica, expresada “a través de un culto transexenal de la personalidad, no tiene herederos visibles y aspira a gobernar sin límites” (“El disfraz republicano”, Reforma 25.10.15).

Aunque la presidencia, hasta Salinas, fue hereditaria, los monarcas y sus delfines terminaron por enemistarse.

No solo eso, a Calles se le atribuye el magnicidio de Obregón, a quien sucedió y entregaría el poder por su reelección; Cárdenas exilió a Calles para liquidar el maximato; Díaz Ordaz repudió a Echeverría; De la Madrid acusó a Salinas y a su hermano Raúl de haber tenido vínculos con el narcotráfico; Zedillo encarceló a Raúl Salinas por enriquecimiento ilícito y por la autoría intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu.

El sistema de “monarquía absoluta sexenal hereditaria por la vía transversal” (Daniel Cosío Villegas dixit, citado por Krauze) se trasladó a los estados cuando el PRI perdió la presidencia.

A partir de entonces, los gobernadores empezaron a decidir sus propias sucesiones, para mal del país, por el endeudamiento (miles de millones de pesos se convirtieron en fortunas personales) y la penetración de la delincuencia organizada, la cual, en el pasado, solo pactaba en los altos niveles del gobierno federal.

Sin una instancia capaz de contenerlos, como en el pasado era el presidente —Fox y Calderón se cruzaron los brazos frente alos excesos en los estados—, los gobernadores acumularon un poder jamás imaginado. Formaron la Conago para presionar a la Federación e incluso para confrontarse con Los Pinos.

Coahuila pagó por las provocaciones y exabruptos de Humberto Moreira contra Fox y Calderón.

Con tal concentración de poder y sin equilibrios para frenar sus ambiciones, la mayoría de los gobernadores condujo a los estados a la quiebra financiera y a crisis de inseguridad, procuración e impartición de justicia y de servicios aún no superadas. Ahora que la situación es insostenible en un gran número de entidades, todos los conflictos estallan en Los Pinos. 



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